La aplicación de esta observación o sea, que la perseverancia en las gracias y obligaciones cristianas y conyugales es el mejor apoyo a la mujer contra, en y bajo sus dolores de parto, puede servir para enseñar brevemente cómo cuidarla y qué consuelo brindarle.

AQUEL QUE YA TIENE UNA ESPOSA DEBE TENER ESPECIAL CUIDADO, justamente por esta razón, debe cumplir sus obligaciones como buen y fiel esposo de su esposa que espera un hijo, a saber:

Primero: “Vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 P. 3:7). Sí, y estar diariamente con ella, tanto con su consejo cristiano como conducta santa, para que su esposa se dedique más y más a la práctica constante de estas gracias y obligaciones a fin de que sus dolores sean santificados y pueda ver la salvación de Dios en su concepción y en su alumbramiento. Y si el gran Dios santo determina, en su sabiduría, que es mejor llevársela en el momento de dar a luz, que aprenda a someterse a su voluntad e ir a su descanso, satisfecha de haber dado evidencia del bienestar eterno de su alma.

Segundo: Esforzarse, en lo posible, cumplir la función de buen marido, cristiano y tierno hacia a su compañera más querida en una condición tan dolorosa. Tiene que identificarse con los dolores antes, durante y después del parto que su estado incluye, los cuales, él mismo, nunca puede sentir por experiencia. Le corresponde, por el bien de su esposa buena y piadosa, que se “vista como escogido de Dios, santo y amado, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, etc.” (Col. 3:12). Debería cumplir lo mejor posible, todos los deberes de su relación conyugal, brindándole, no sólo lo que necesita, sino también lo que la ayude a estar más cómoda. [El esposo debe satisfacer] sus antojos y la necesidad de aliento de su esposa querida que sufre y que puede deprimirse por el miedo a los dolores que le esperan. Busque también el apoyo de pastores fieles y amigos piadosos para que oren intercediendo a Dios por ella. Y si Dios escucha las oraciones,

Tercero: Estar profundamente agradecido a Dios por el alivio seguro de su buena esposa de los dolores y peligros de traer un hijo al mundo. Cuando el esposo cariñoso realmente se ha preocupado por las enfermedades, los dolores, las agonías y quejidos de su querida esposa durante su [embarazo] y por el hecho de que le dará un hijo con ayuda de lo Alto, nada puede ser más obligatorio para él que adorar y estar agradecido a Dios, quien ha causado una separación confortable entre ella y el fruto de su vientre, como [respuesta] a las oraciones y ha venido en su ayuda al escuchar sus quejidos… El esposo cristiano –habiendo visto a su esposa amada poniendo en práctica las gracias de las que he estado hablando, pasar por el peligro de dar a luz y ser preservada admirablemente por el poder de Dios y su bondad— tiene la obligación de agradecer de todo corazón a Dios quien cumplió su promesa, que les dio esperanza y tal muestra de misericordia… Así pues, brevemente, he enfocado el tema del cuidado del hombre casado en lo que respecta a su esposa en las condiciones mencionadas. Además, esta doctrina enseña,

UNA LECCIÓN A LA MUJER SOBRE LO QUE DEBE CUIDAR. Considere… Si ya es casada, y esto “en el Señor”, quien la creó y le dio el poder de concebir, lo que le corresponde, como sierva fiel del Señor,

Primero: Seguir la práctica constante de estas gracias. Indudablemente, usted que ha sido bendecida como instrumento de la propagación de la humanidad –cuando se entera de que ha concebido y espera un hijo— se preocupa en gran manera por prepararse para el nacimiento. Un trabajo importante en el que, por lo general, se ocupará es preparar la ropa de cama donde dará a luz y no la voy a desalentar, sino más bien alentar, que tome todos los pasos necesarios para tener todo listo para usted y su bebé… Debe darse el lujo de preparar el nido donde deberán
acostarse usted y su infante (Lc. 9:58). Pero la modestia y moderación de la cual ha oído, no le permitirá gastar en preparativos superfluos que excedan sus posibilidades económicas, cuando los pobres pastores y miembros de Cristo por todas partes, dependen de su caridad. ¡Oh, le ruego, buena mujer cristiana, que su cuidado principal sea… estar
ataviada del verdaderamente espiritual “lino fino limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”! (Ap. 19:7-8). Esto, esto es lo principal: “Fe, amor, santidad, con modestia” con las que se manifiesta la verdadera prudencia cristiana… Y si Dios ya le ha dado una prueba fehaciente de cumplir la promesa de mi texto
[1 Timoteo 2:15] asegurándole salvación temporal, le corresponde tener cuidado de:

Continuará …

Tomado de “¿Cómo se puede apoyar mejor a las mujeres en gestación contra, en y bajo el peligro de su tribulación?”.

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Richard Adams, ministro presbiteriano inglés, nació en Worral, Cheshire, en 1626 y murió el 7 de febrero de 1698.