Pero será preservada, mediante la procreación, si permanecen con modestia en la fe, el amor y la santificación” (1 Timoteo 2:15).

La caída del hombre fue el fruto de la primera doctrina acerca de la mujer y, por lo tanto, ya no se le permite enseñar (1 Ti. 2:12). La mujer fue engañada por la serpiente y llevó a su marido y a toda su posteridad a la ruina (1 Ti. 2:13-14)… Y porque, por la declaración del Apóstol, algunos pueden sentirse desalentados por el papel que tuvo la mujer en la primera caída y en el castigo que han recibido por ello, el Apóstol presenta un “pero” para su consuelo. A pesar de la culpabilidad [de Eva] en su caída y su castigo al engendrar hijos, tiene el mismo derecho a la salvación que el hombre.

Entonces, anticipadamente, el Apóstol contesta aquí a una objeción que pudiera haber en cuanto a que si la culpa de la mujer y el castigo recibido impediría su salvación eterna. El Apóstol responde: “No”. Aunque Eva fue primera en desobedecer y el dolor de engendrar hijos fue el castigo de aquel primer pecado, la mujer puede lograr la salvación
eterna a pesar de ese dolor, si tiene esas gracias que son necesarias para todos los cristianos. Aunque el castigo permanece, la mujer creyente se encuentra dentro del pacto de gracia y bajo las alas del Mediador de ese pacto si tiene fe (la condición del pacto), la cual obra por amor y es acompañada de santidad y renovación del corazón.

Observe: Dios tiene medios de gracia para alentar el corazón de los creyentes que sufren, en los casos cuando las aflicciones son suficientes como para desalentarlos. El Apóstol hace alusión a esa maldición de la mujer: “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos” (Gn. 3:16). El castigo se aplica a la mujer casada, además de ese castigo que le era común con el hombre.

Los dolores en tus preñeces: La palabra preñez se refiere al tiempo de embarazo en la matriz. Incluye, no sólo esos dolores en el momento del parto, sino todas esas indisposiciones precursoras, como náuseas, dolores de cabeza, antojos irregulares y esos otros síntomas que acompañan al embarazo. Aunque este dolor parece ser natural por la constitución del cuerpo, no obstante, dado que algunas criaturas dan a luz con poco o sin nada de dolor4, con la mujer es diferente porque todo dolor, que es un castigo por el pecado, hubiera sido raro en un cuerpo sin pecado e inmortal.

Consideremos las palabras [individualmente]:

Preservada: Puede referirse a la salvación del alma o a la preservación de la mujer en el parto. Lo primero, supongo, es la intención principal porque el Apóstol aquí, significaría algún consuelo especial a la mujer bajo esa maldición.

Pero la preservación de la mujer en la preñez era algo común, como lo testifica la experiencia diaria de las mujeres, así la peor como la mejor. El cristianismo no pone a sus profesantes en un estado peor en aquellas cosas que dependen inmediatamente de Dios… pero puede incluir una preservación temporal. Porque cuando el Señor promete una salvación eterna, promete también una salvación temporal, en acorde con la sabiduría de Dios en su Providencia. Existe en todas las promesas como ésta, una excepción tácita, o sea que si Dios la considera buena para nosotros y también la manera de preservarnos, esta preservación del creyente difiere de la de una persona no regenerada. Otros son preservados por Dios, como Creador y Soberano misericordioso, por medio de una providencia generalizada para la conservación del mundo, pero los creyentes son preservados de una manera distinta de acuerdo con las promesas y los pactos, en el ejercicio de la fe y por el amor especial del Señor como su Padre tierno y su Dios. En el caso de los creyentes, su preservación se basa en la relación de pacto del Padre con ellos a través de Cristo.

Continuara …

Tomado de “A Discourse for the Comfort of Child-Bearing Women” en The Complete Works of Stephen Charnock (Las obras completas de Stephen Charnock), Tomo 5.


Stephen Charnock (1628-1680): Pastor, teólogo y autor puritano presbiteriano inglés. Nacido en St. Katherine Cree, Londres, Inglaterra.