APLICACIÓN 1: Es reprobable la actitud de aquellos que no están agradecidos por los hijos los resienten y los consideran una carga cuando Dios los bendice dándoles muchos. Se quejan de lo que en sí es un favor. Cuando[no] los tenemos, los valoramos; cuando tenemos muchos hijos desconfiamos de ellos y nos quejamos. En Israel, ser padre era considerado un honor. ¡Por cierto que aquellos que temen a Dios no debieran contar una felicidad como una carga! «Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová” (Sal. 128:3-4).

APLICACIÓN 2: Son dignos de reproche los que no reconocen y enaltecen este favor. No cabe duda de que los padres debieran reconocer a Dios en cada hijo que les da. Gran parte de su Providencia se manifiesta en dar y no dar hijos. Encontramos con mucha frecuencia en las Escrituras, cantos de agradecimiento en estas ocasiones. Es una de las cosas en las que Dios quiere que su bondad sea reconocida con alabanzas solemnes. Por cada hijo ¡Dios debiera recibir una nueva honra de los padres!… ¡Oh! ¡Será una gran felicidad ser padres de los que serán herederos de la gloria! Así como los hijos deben ser considerados como una gran bendición, también deben serlo como una gran responsabilidad que, según se maneje, puede producir mucho gozo o mucho dolor. Si los padres los consienten demasiado, los convierten en ídolos, no en siervos del Señor, si descuidan su educación o si los contaminan con su ejemplo, resultarán serles cruces y maldiciones.

APLICACIÓN 3: Es importante exhortar a los padres a que eduquen a sus hijos para Dios. Porque si son una herencia del Señor, tienen que ser una herencia para el Señor. Entrégueselos de vuelta a él, pues de él los recibió, porque todo lo que viene de él tiene que ser mejorado para él. Dedíquelos a Dios, edúquelos para Dios y él tomará posesión de ellos a su debido tiempo. Ahora bien, si su dedicación es correcta, se verá involucrado en una educación seria. Dios trata con nosotros como lo hizo la hija de faraón con la madre de Moisés, a la cual dijo: “Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió” (Éx. 2:9).

MOTIVOS: 1. El encargo expreso de Dios a los padres de familia es: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4). “Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Dt. 6:7)… Debemos tomar conciencia de estos mandatos ahora porque hemos de rendir cuentas a Dios [en el Día del Juicio].

2. El ejemplo de los santos, que han sido cuidadosos en cumplir con esta responsabilidad. Dios lo espera de Abraham: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Gn. 18:19)… No hay duda de que son indignos de tener hijos los que no se ocupan de que Cristo se interese por ellos.

3. La importancia de esta responsabilidad. Aparte de la predicación de la Palabra, la educación de los hijos es una de los obligaciones más grandes en el mundo porque el servicio a Cristo, a la Iglesia y al estado dependen de ello. La familia es el seminario de la Iglesia y la nación. La fe cristiana surgió primero allí [en la familia] y es allí donde el diablo procura aplastarla…

4. Para contraatacar a Satanás, que siempre ha envidiado la multiplicación de iglesias y el avance del reino de Cristo. [Él] por lo tanto, procura destruir el embrión, tratando de pervertir a las personas cuando aún son jóvenes, maleables como arcilla, cuando puede darles la forma e impresión que quiera. Así como Faraón quiso destruir a los israelitas matando a sus infantes, Satanás, que detesta en gran manera al reino de Cristo, sabe que no hay una manera mejor de socavarla y vencerla que pervertir a los jóvenes y suplantar los deberes familiares. Sabe que esto es un golpe de raíz. Por lo tanto, ¡cuánta diligencia deben ejercer los padres de familia para inculcar en sus hijos los principios santos a fin de que puedan vencer al Maligno con la Palabra de Dios morando en ellos!

Tomado de “Sermon upon Psalm CXXVII.3” en The Works of Thomas Manton.

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Thomas Manton (1620-1677): Predicador puritano no conformista, nacido en Lawrence-Lydiat, condado de Somerset, Inglaterra.