[3] En dar fuerza para dar a luz. Los paganos tenían una diosa que presidía sobre esta obra. No obstante, la providencia de Dios alcanza aun a los animales. “La voz del Señor hace parir a las ciervas” (Sal. 29:9 LBLA4). Y hay una promesa para los que le temen: “Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Ti. 2:15). Debe ser entendido, como todas promesas lo son, con la excepción de su voluntad. Pero esto es lo que deducimos: Es una bendición que cae bajo el cuidado de su Providencia y, que por ser promesa, se cumplirá hasta cuando Dios lo quiera. Raquel murió en este trance, no toda mujer piadosa tiene este destino. También lo tuvo la esposa de Finees (1 S. 4:20). Dios puede haber ejercido esta prerrogativa contra usted, haciendo o permitiendo que pierda la vida. Si el parto no fuera tan común, sería considerado milagroso. Los sufrimientos y los dolores de la tribulación son un monumento al desagrado de Dios: “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus
preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (Gn. 3:16). Para preservar una vasija débil que corre gran peligro, los dolores de las mujeres son peores que los de las hembras de otras especies. Y para el hijo, su sentencia de muerte es detenida mientras está naciendo.

[4] Las circunstancias del nacimiento. En todo nacimiento hay circunstancias nuevas que iluminan nuestros pensamientos necios para que pensemos en las obras de Dios, quien da variedad a sus obras, no sea que nos empalaguemos porque todo es siempre lo mismo.

LOS HIJOS SON UNA GRAN BENDICIÓN EN SÍ MISMOS Y CUÁNTOS MÁS SON, MAYOR ES LA BENDICIÓN. Por lo tanto, deben ser reconocidos y enaltecidos como bendiciones. Por cierto, Dios nos muestra un favor más especial en nuestras relaciones que en nuestras posesiones: “La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas de Jehová la mujer prudente” (Pr. 19:14). Lo mismo se aplica a los hijos. Por ellos, el progenitor se perpetúa y se multiplica; son parte de él mismo y vive en ellos cuando él ha partido. Es una sombra de la eternidad; por lo tanto, las pertenencias externas de la vida no son tan valiosas como lo son los hijos. Además, estos llevan impresa en ellos la imagen de Dios. Cuando nosotros hayamos partido, por ellos, el mundo seguirá reabasteciéndose, la Iglesia seguirá multiplicándose, los seres humanos seguirán existiendo con el fin de conocer, amar y servir a Dios. Leemos que [la Sabiduría dice]: “Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres” (Pr. 8:31). En la parte habitable de la tierra hay grandes ballenas, pero los hombres eran la delicia de Cristo. Especialmente, para los comprometidos con Dios —padres y madres de familia en un pacto con Dios— los hijos son una bendición más grande. David era uno de ellos. Leemos: “Tus hijos y tus hijas que habías dado a luz para mí” (Ez. 16:20). Estos son, en el mejor sentido, una herencia del Señor. Fue dicho: “Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (Gn. 6:12). [Sem] engendró hijos e hijas para Dios: “También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet” (Gn. 10:21).

Dios ha implantado en los padres amor por sus hijos: Él mismo tiene un Hijo, sabe cuánto lo ama y lo ama por su santidad. “Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros” (He. 1:9). Muchas veces es condescendiente con los padres buenos. Les brinda [el privilegio de tener] hijos piadosos. Para el pastor, aquellos que por él se convierten a Dios son su gloria, su gozo y su corona para regocijarse en el día del Señor (cf. 1 Ts. 2:19-20). Los que han venido al mundo por nuestro medio; si están en el pacto de gracia, son para nosotros una bendición más grande que verlos llegar a ser reyes del mundo…

Continuará …

Tomado de “Sermon upon Psalm CXXVII.3” en The Works of Thomas Manton.

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Thomas Manton (1620-1677): Predicador puritano no conformista, nacido en Lawrence-Lydiat, condado de Somerset, Inglaterra.