Nuestro texto presenta a los hijos como una bendición y en él vemos dos cosas: (1) El autor del cual proceden los hijos: El Señor. (2) En qué recibimos esta bendición: (1) En calidad de “herencia” y (2) como “su recompensa”.

La palabra herencia es, a menudo, un hebraísmo que significa “la porción del hombre”, sea buena o mala. Es usada en un sentido malo en Job 20:29: “Ésta es la porción que Dios prepara al hombre impío, y la heredad que Dios le señala por su palabra”. En un sentido bueno tenemos a Isaías 54:17: “Ésta es la herencia de los siervos de Jehová”. Recompensa se usa en el sentido de un regalo que se recibe por una promesa o en relación con la obediencia porque una promesa incluye implícitamente un contrato: Si nosotros hacemos esto y aquello, Dios hará esto y aquello por nosotros.

DOCTRINA: Es una bendición que recibimos de Dios –y así debemos considerarlo– el que tengamos hijos nacidos de nuestras entrañas. No es sólo un regalo sin más, aunque así lo considera el impío, sino que es una bendición, una de las misericordias temporales del Pacto: “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos” (Sal. 128:1). Una de las bendiciones es el versículo 3: “Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa”. Ésta es parte de nuestra porción y herencia. Los santos así lo reconocieron: “¿Quiénes son éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo” (Gn. 33:5). Jacob habla como un padre, como un padre piadoso. Eran dádivas recibidas por la gracia de Dios. Como padre, reconocía que eran regalos de Dios, lo cual implica que eran de pura gracia.

Podemos llegar a esta misma conclusión por la historia de Job. Compare 1:2-3 con 1:18-19. Observe que cuando cuenta sus bendiciones, primero menciona a sus numerosos hijos, antes que a sus grandes posesiones. La parte principal de la riqueza y prosperidad del hombre son sus hijos, las más preciadas bendiciones externas… Observe también, en los versículos 18 y 19, que la pérdida de sus hijos es presentada como la aflicción más grande…

MUCHA DE LA PROVIDENCIA DE DIOS SE MANIFIESTA EN Y ACERCA DE LOS HIJOS.

[1] En dar la capacidad de concebir. No es una misericordia extendida a todos. Sara la obtuvo por fe: “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido” (He. 11:11). Aunque tener hijos es algo que sigue el curso de la naturaleza, Dios tiene un importante papel en ello. A muchos matrimonios piadosos les ha sido negado el beneficio de los hijos y necesitan otras promesas para compensar esa carencia: “Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá” (Is. 56:4-5).

[2] En dar forma al hijo en el vientre. No lo dan los padres, sino Dios. Los padres no pueden decir si será varón o hembra, hermoso o deforme3. No conocen el número de venas y arterias, huesos y músculos. “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Sal. 139:13-16).

Continuará …

Tomado de “Sermon upon Psalm CXXVII.3” en The Works of Thomas Manton.

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Thomas Manton (1620-1677): Predicador puritano no conformista, nacido en Lawrence-Lydiat, condado de Somerset, Inglaterra.