La imagen de Dios y la Bendición de Dios 2

Tenemos que comprender ahora en qué consiste esa imagen y esa semejanza o ese parecido y conformidad con Dios. ¿Es en el cuerpo o en alma, o se trata del señorío que le ha sido dado al hombre? Muchos lo relacionan con el cuerpo. Por cierto que en la forma del cuerpo humano, hay tal habilidad creativa que podemos decir que es una imagen de Dios porque si su majestuosidad aparece en cada parte del mundo, mayor razón hay para que aparezca en aquello que es más excelente. Pero la realidad es que no encontramos tal perfección en el cuerpo humano como la imagen y semejanza a la que Moisés se refiere. ¡Al contrario!

En consecuencia, ni el cabello ni los ojos, ni los pies ni las manos nos conducirán hacia donde Moisés nos guía. En cuanto a la superioridad y la preeminencia de estas características humanas que han sido dadas al hombre por sobre todas las criaturas, no reflejan la imagen de Dios porque son características externas que no nos llevarán muy lejos. Debido a todo eso, tenemos que enfocar el alma, que es la parte más digna y valiosa del hombre. Aunque Dios ha mostrado los grandes tesoros de su poder, bondad y sabiduría al formarnos, el alma, como he dicho, es la que tiene raciocinio, comprensión y voluntad, que es mucho más de lo que puede encontrarse en el cuerpo exterior.

Ahora bien, como hemos tratado exhaustivamente y resuelto el punto de que la imagen de Dios está principalmente en el alma y se extiende al cuerpo como un accesorio, tenemos que considerar ahora en qué consiste la imagen de Dios y en qué sentido nos conformamos a él y nos parecemos a él…

Nuestro padre Adán, habiéndose enemistado con su Creador, fue entregado a la vergüenza e ignominia y, como consecuencia, Dios le quitó los dones excelentes con que lo había dotado anteriormente… Pero porque Dios, a través de nuestro Señor Jesucristo, repara su imagen en nosotros que había sido borrada en Adán, podemos comprender mejor la importancia de esa imagen y semejanza que el hombre tenía con Dios al principio. Porque cuando Pablo dice en Colosenses 3 que debemos ser renovados según la imagen de Aquel que nos creó (Col. 3:10) y, luego en Efesios 4, cuando menciona la justicia y verdadera santidad como las características a las cuales tenemos que ser conformados (Ef. 4:24), muestra que la imagen de Dios es importante; que nuestra alma al igual que nuestro cuerpo, debe ser guiada por una rectitud innegable y que nada hay en nosotros que se asemeje a la justicia y rectitud de Dios. Es cierto que Pablo no presenta aquí una lista completa, pero tampoco habla en términos generales a fin de incluir todo lo que testifica de la imagen de Dios. En cambio, cuando habla de las características principales, nos dice cuáles son las características auxiliares.

En suma, el alma debe ser limpiada de toda vanidad y toda falsedad y la claridad de Dios tiene que brillar en ella para que haya un capacidad de juicio, discreción y prudencia. Por eso es que Dios repara su imagen en nosotros cuando nos conforma a su justicia y nos renueva por su Espíritu Santo para que podamos andar en santidad. Porque eso es cierto, podemos ver en qué punto tenemos que comenzar si queremos determinar lo que es la imagen de Dios. Tal es el comienzo de la imagen de Dios en nosotros, pero eso no es todo… cuando se menciona la imagen de Dios en el hombre y no entendemos la causa de la confusión causada por el pecado, tenemos que tomar nota de esos pasajes de
Pablo y, a la vez, encontrar en Jesucristo lo que ya no hay dentro de nosotros porque nos fue quitado por nuestro padre Adán. Entonces veremos que el hombre fue creado con una naturaleza tan pura e íntegra que su alma poseía una prudencia maravillosa y no estaba cubierta de falsedad, hipocresía e ignorancia, fruto por el cual ahora no hay en
nosotros más que vanidad y tinieblas. En consecuencia, había un anhelo sincero de obedecer a Dios y gozar de todo lo bueno, no había ningún deseo o impulso de hacer el mal, en cambio ahora, todos nuestros afectos son actos de rebelión contra Dios. En aquel entonces, el cuerpo estaba tan bien y apropiadamente equilibrado que cada segmento pequeño estaba listo y ansioso por servir y honrarle. Así era el hombre, predispuesto a andar en santidad y toda justicia. En él había una abundancia de dones divinos para que la gloria de Dios brillara por doquier, interior y exteriormente. Eso, pues, caracteriza a aquella imagen…

Tomado de John Calvin’s Sermons on Genesis.

Continuará …


Juan Calvino (1509-1564): Teólogo y pastor francés, líder importante durante la Reforma Protestante; nacido en Noyon, Picardia, Francia.