La Adoración familiar puesta en práctica 2

2. El dónde. La adoración familiar puede celebrarse alrededor de la mesa del comedor. Sin embargo, es posible que sea mejor trasladarse al salón, donde hay menos distracciones. Cualquiera que sea la habitación escogida, asegúrense de que contenga todo el material devocional. Antes de comenzar, descuelguen el teléfono u organicen que sea el contestador automático o el correo de voz, quien responda. Los hijos deben entender que la adoración familiar es la acti-vidad más importante del día y que no debe interrumpirse por nada.

  1. El cuándo. De manera ideal, la adoración familiar debería llevarse a cabo dos veces al día, por la mañana y por la tarde. Esto encaja mejor con las directrices bíblicas para la adoración en la administración del Antiguo Testamento, en el que se santificaba el principio y el final de cada día mediante el ofrecimiento de un sacrificio matutino y otro vespertino, así como las oraciones de la mañana y de la tarde. El Directorio de Adoración de Westminster declara: “La adoración familiar que debería realizar cada familia, es generalmente por la mañana y por la tarde, y consiste en oración, lectura de las Escrituras y alabanzas cantadas”.

Para algunos, la adoración familiar es rara vez posible más de una vez al día, después de la cena. De una manera u otra, los cabezas de familia deberían ser sensibles al programa familiar y mantener implicados a todos sus miembros. Cuando no puedan cumplir con los horarios programados, planeen con esmero y prepárense de antemano para que cada minuto cuente. Luchen contra todos los enemigos de la adoración familiar.

Durante la adoración familiar, que sus objetivos sean los siguientes:

  1. Brevedad. Como dijo Richard Cecil: “Haz que la adoración familiar sea breve, agradable, sencilla, tierna y celestial”. Cuando es demasiado larga, los niños se vuelven intranquilos y pueden ser provocados a ira.

Si adoran dos veces al día, prueben con diez minutos por la mañana y un poco más por la noche. Un periodo de veinticinco minutos de adoración familiar podría dividirse como sigue: Diez minutos para la lectura de las Escrituras y la instrucción; cinco minutos para leer una porción diaria o un libro edificante, o conversar sobre alguna preocupación bajo una luz bíblica; cinco minutos para cantar y cinco minutos para la oración.

2. Coherencia. Más vale tener veinte minutos de adoración familiar cada día que probar periodos más extensos unos cuantos días, por ejemplo cuarenta y cinco minutos el lunes y saltarse el martes. La adoración familiar nos proporciona “el maná que cae cada día a la puerta de la tienda, para que nuestras almas se mantengan vivas”, escribió James W. Alexander en su excelente libro sobre la adoración familiar.

No se permitan excusas para evitar la adoración familiar. Si pierden el dominio propio con su hijo media hora antes de la reunión, no digan: “Sería una hipocresía dirigir la adoración familiar, de modo que esta noche lo vamos a dejar”. No tienen que escapar de Dios en esos momentos. Más bien, deben regresar a él como el publicano arrepentido. Empiecen el tiempo de adoración pidiéndoles a cada uno de los que han presenciado su falta de dominio propio que les perdonen; a continuación, oren a Dios pidiendo perdón. Los niños los respetarán por ello. Tolerarán las debilidades y hasta los pecados en sus padres, siempre y cuando estos confiesen sus equivocaciones y procuren seguir al Señor con sinceridad. Ellos y ustedes saben que el sumo sacerdote del Antiguo Testamento no era descalificado por ser un pecador, pero sí tenía que ofrecer sacrificio primeramente por sí mismo, antes de poder presentarlo por los pecados del pueblo. Tampoco quedamos descalificados, ni ustedes ni nosotros, por el pecado confesado, porque nuestra suficiencia está en Cristo y no en nosotros mismos. Como afirmó A. W. Pink: “No son los pecados del cristiano, sino sus pecados no confesados, los que estrangulan el canal de bendición y hacen que tantos otros se pierdan lo mejor de Dios”.

Dirijan la adoración familiar con una mano firme, paternal y un corazón blando y arrepentido: Aun cuando estén extenuados después de su día de trabajo, oren pidiendo la fuerza de llevar a cabo su deber paternal. Recuerden que Cristo Jesús fue a la cruz por ustedes, agotado y exhausto, pero nunca dio un paso atrás en su misión. Al negarse ustedes a sí mismos, verán cómo Él los fortalece durante la adoración familiar, de manera que en el momento en que acaben, habrán vencido su agotamiento.

Continuará…


Joel R. Beeke: Presidente y Profesor de Teología Sistemática y Homilética en el Seminario Teológico Reformado Puritano. Pastor de la Heritage Netherlands Reformed Congregation en Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos; autor, coautor y editor de cuarenta libros, ha contribuido con unos 1.500 artículos para libros, revistas, periódicos y enciclopedias reformadas.