7 razones por las que las familias deberían orar 2

RAZÓN Nº 3: Deberían ustedes elevar sus plegarias a Dios en familia cada día porque son muchas las carencias que tienen a diario y nadie las puede suplir, sino Él. ¡Dios no [necesita] sus oraciones, pero ustedes y los suyos [necesitan] las misericordias que vienen de Él! Si desean estas bendiciones ¿por qué no oran por ellas? ¿Pueden ustedes suplir las necesidades de su familia? Si les falta salud, ¿acaso pueden ustedes dársela? Si no tienen pan, ¿pueden ustedes proporcionárselo, a menos que Dios lo provea? ¿Por qué, pues, nos dirigió Cristo a orar de la siguiente manera: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mt. 6:11)? Si están faltos de gracia, ¿pueden ustedes obrarla en ellos? ¿O es que nos les importa que mueran sin ella? ¿No es Dios el Dador de toda cosa buena? “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces” (Stg. 1:17).

Las bendiciones son del cielo y las buenas dádivas vienen de lo alto; la oración es un medio señalado por Dios para hacerlas descender. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Stg. 1:5). ¿Piensan que no necesitan sabiduría para realizar sus deberes hacia Dios y hacia el hombre, para guiar a sus familias para su bien temporal, espiritual y eterno? Si es ésta su convicción, son ustedes unos necios. Y si creen que no tienen necesidad de sabiduría, por esos mismos pensamientos pueden discernir su [falta] de ella. Si creen que tienen suficiente, es evidente que no tienen ninguna. ¿Y no se la pedirían a Dios si quisieran tenerla? Si ustedes y los suyos carecen de salud en sus familias, ¿no deberían pedírsela a Dios? ¿Pueden ustedes vivir sin depender de Él? ¿O pueden decir que no necesitan su ayuda para suplir sus necesidades? Si es así, ustedes se contradicen y es que estar pasando necesidades y no ser seres dependientes es una contradicción. Pensar que no viven en dependencia de Dios es creer que no son hombres ni criaturas. Y si en verdad dependen de Él y necesitan su ayuda para suplir sus [necesidades], su propia pobreza debería hacerlos caer de rodillas para orar a Él.

RAZÓN Nº 4: Deberían orar en familia a diario, por los empleos y las tareas cotidianas. Cada uno que pone su mano a trabajar, su cabeza a idear, debería poner su corazón a orar. ¿No sería su actividad comercial en vano, su labor y su trabajo, sus preocupaciones y sus proyectos para el mundo, sin propósito sin la bendición de Dios? ¿Les convencería que Dios mismo se lo dijera? Entonces lean el Salmo 127:1-2:“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican… Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores”. ¡Pan de dolores! Sin Dios, trabajan en vano para conseguir pan para ustedes y sus familias. Podrían sufrir necesidad aun después de todo su afán. Y sin la bendición de Dios, si lo comen cuando lo han conseguido con mucho esfuerzo y preocupación, lo comerán en vano porque sin Él no podrá nutrir sus cuerpos.

Después de considerar estas cosas, ¿no es necesario orar a Dios para prosperar y tener éxito en sus llamados? La oración y el duro trabajo deberían fomentar aquello que es su objetivo. Orar y no hacer las obras de sus llamados sería esperar provisiones mientras son negligentes. Trabajar duro y comerciar sin orar sería esperar prosperar y tener provisión sin Dios. La fe cristiana que les da deberes santos no les enseña a descuidar sus llamados ni tampoco a confiar en sus propios esfuerzos sin orar a Dios. Pero ambas cosas deben mantener su lugar y tener una porción de su tiempo. La oración es una cosa media entre la dádiva de Dios y nuestra recepción. ¿Cómo pueden recibir si Dios no da? ¿Y por qué esperan que Dios de, si no piden? “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Stg. 4:2).

Oren por aquello por lo que trabajan. Y en aquello por lo que oran, trabajen y esfuércense. Y ésta es la verdadera conjunción de trabajo y oración. ¿O acaso serán ustedes como [aquellos] a los que les habla el apóstol? “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos” (Stg. 4:13). ¿Harán, pero no pedirán permiso a Dios con respecto a si pueden o no? ¿Irán, aunque Dios los postre en una cama de enfermedad o en sus tumbas? Háganlo si pueden. ¿Pasarán allá un año? ¿Y qué si la muerte los arrastra tan pronto como lleguen allí? Si la muerte manda que sus cuerpos vuelvan al polvo, a la tumba y los demonios vienen a buscar sus almas para llevarlas al infierno, después de esto “¿seguirán en esa ciudad durante un año?”. Si una parte de ustedes está en la tumba y la otra en el in-fierno, ¿qué parte de ustedes va a seguir en la ciudad? ¿Comprarán y venderán? ¿Y si Dios no les da ni dinero ni crédito? Me pregunto con quiénes negociarán. ¿Obtendrán ganancia? Están decididos a hacerlo; piensan que lucharán y prosperarán y que se harán ricos. ¿Y si Dios maldice sus esfuerzos y dice: “¡No lo harán!”? Quieren todo esto y tendrán lo que quieren; pero su poder no equivale a su voluntad. Aquí hay mucha voluntad, pero ni una palabra de oración. No deberían ir a su trabajo ni a sus tiendas y llamados hasta haber orado primero a Dios.

Continuará …

Tomado de “How May the Duty of Family Prayer Be Best Managed for the Spiritual Benefit of Every One in the Family?”, Puritan Sermons 1659-1689. Being the Morning Exercises at Cripplegate.

Thomas Doolittle (1632 –1707) fue un ministro, tutor y autor inglés inconformista.