Apuntes de Spurgeon

Sobre la Adoración Familiar.

Confío en que no haya nadie aquí, entre los presentes, que profese ser seguidor de Cristo y no practique también la oración en su familia. Tal vez no tengamos ningún mandamiento específico para ello, pero creemos que está tan de acuerdo con el don y el espíritu del evangelio, y que el ejemplo de los santos lo recomienda tanto que descuidarlo sería una extraña incoherencia. Ahora bien, ¡cuántas veces se dirige esa adoración con familia con descuido! Se fija una hora inconveniente; alguien llama a la puerta, suena el timbre, llama un cliente y todo esto apresura al creyente que está de rodillas a levantarse a toda prisa para atender sus preocupaciones mundanas. Por supuesto, se pueden presentar numerosas excusas, pero el hecho sigue siendo el mismo: Hacerlo de este modo reprime la oración.

Ciertamente, la alabanza no es tan común en la oración familiar como otras formas de adoración. No todos nosotros podemos alabar a Dios en la familia uniéndonos en los cánticos porque no todos somos capaces de seguir una melodía, pero estaría bien si lográramos hacerlo. Coincido con Matthew Henry cuando afirma: “Aquellos que oran en familia hacen bien; los que oran y leen las Escrituras, mejor; pero los que oran, leen y cantan son los que mejor hacen”. En ese tipo de adoración familiar existe una completitud que se debería desear por encima de todo.—

C.H. Spurgeon