Niños: Busquen al buen pastor 2

Blog147B

2. LO QUE JESÚS HACE POR SU REBAÑO:

(1) Murió por ellos. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Esta es la belleza principal en Cristo. Las heridas que estropearon la hermosura de su cuerpo lo hacen maravilloso a los ojos del pecador necesitado. Todos los que ahora y eternamente serán las ovejas de Cristo estuvieron una vez condenados a morir. Eran objeto de la ira de Dios. Estaban a punto de caer en el lago de fuego. Jesús les tuvo compasión, dejó el seno de su Padre, se vació a sí mismo, se convirtió en “gusano, y no hombre” (Sal. 22:6) y murió por los pecados de muchos. “Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8). Esta es la gracia del Señor Jesús: todos en su rebaño pueden decir: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20).

(2) Los busca y los encuentra. Nunca buscaríamos a Cristo, si primero no nos buscara él a nosotros. Nunca encontraríamos a Cristo, si no nos encontrara él “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Cierta vez le pregunté a un pastor de ovejas: “¿Cómo encuentra a las ovejas perdidas en la nieve?” “Ah”, respondió, “vamos a los barrancos profundos donde van las ovejas en las tormentas. Las encontramos acurrucadas juntas debajo de la nieve”. “¿Y pueden salir cuando les quita la nieve?” “Oh, no. Si tuvieran que tomar un paso para salvarse, no podrían hacerlo. Así que sencillamente vamos donde están y las cargamos para sacarlas”. Ah, esta es precisamente la manera cómo Jesús salva a las ovejas perdidas. Nos encuentra en los fosos profundos del pecado, helados y muertos. Si tuviéramos que tomar un paso para salvar nuestra alma, no podríamos hacerlo. Pero él extiende su brazo y nos carga para sacarnos. Esto hace para cada oveja que salva. ¡Gloria, gloria, gloria sea a Jesús, el Pastor de nuestra alma!…

(3) Las alimenta. “El que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9). Si Jesús te ha salvado, te alimentará. Alimentará tu cuerpo. “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Sal. 37:25)… Alimentará tu alma. El que alimenta a la florcita en la grieta del escarpado precipicio, donde ninguna mano del hombre la puede alcanzar, alimentará tu alma con gotas silenciosas de rocío celestial. Nunca olvidaré la historia de una niña en Belfast, Irlanda. Iba a una escuela dominical y se ganó una Biblia como premio por su buena conducta. Ésta llegó a ser realmente un tesoro para ella. Se alimentaba de su contenido. Sus padres eran malos. Con frecuencia ella les leía, pero se ponían cada vez peor. Esto le rompió el corazón a Eliza (que así se llamaba la niña). Quedó postrada y nunca volvió a levantarse. Quiso ver a su maestro. Cuando éste llegó, levantando la Biblia de ella, dijo: “No estás sin una compañera, mi querida niña”. “No”, respondió ella.

“Gozo la Santa Palabra al leer, cosas preciosas allí puedo ver.
Y sobre todo que el gran Redentor, es de los niños el tierno Pastor.
Con alegría yo cantaré al redentor, tierno Pastor,
Que en el Calvario por mí murió, sí, sí, por mí murió”

Apenas había terminado de recitar las líneas cuando echó para atrás la cabeza y falleció. Queridos niños, esta es la manera como Jesús alimenta a su rebaño. Es un Pastor tierno, constante y todopoderoso. Si pasas a ser parte de su rebaño, él te alimentará todo el trayecto hasta la gloria.

Continuará …

Tomado de “To the Lambs of the Flock”  en Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne.
_______________________
Robert Murray M’Cheyne (1813-1843): Pastor presbiteriano escocés de St. Peter’s
Church, Dundee, cuyo ministerio se caracterizó por una profunda santidad personal, oración y poderosa predicación evangélica; nacido en Edimburgo, Escocia.