Obstáculos principales en la formación 2

Blog137B

SEGUNDO: El descuido de la disciplina doméstica es otro obstáculo en el camino hacia una educación cristiana exitosa. Los padres son investidos por Dios con un grado de autoridad sobre sus hijos, que no pueden dejar de ejercer sin ser culpables de pisotear las instituciones del cielo. Cada familia es una comunidad, un gobierno que es estrictamente despótico, aunque no tirano. Cada padre es un soberano, pero no un opresor. Es el legislador, no meramente el consejero. Su voluntad debe ser ley, no sólo consejo. Debe ordenar, refrenar, castigar; los hijos tienen que obedecer. Él, en caso necesario, tiene que amenazar, reprender, disciplinar; y ellos tienen que someterse con reverencia. Él tiene que decidir qué libros leerán, qué amigos pueden tener, qué actividades pueden realizar y lo que harán con su tiempo libre. Si ve algo incorrecto, no debe responder con una protesta tímida, débil, ineficaz como la de Elí: “¿Por qué hacéis cosas semejantes?” (1 Sam. 2:23), sino con una firme, aunque cariñosa prohibición. Tiene que gobernar su propia casa y por medio de toda su conducta, hacer que sus hijos sientan que tiene derecho a exigirles su obediencia.

Dondequiera que existe la falta de disciplina, ésta va acompañada de confusión y anarquía doméstica. Si falta la disciplina todo anda mal. El jardinero puede sembrar las mejores semillas. Pero si no quita las malezas y poda el crecimiento excesivo no puede esperar que sus flores crezcan ni que su jardín florezca. De la misma manera, el padre puede presentar las mejores enseñanzas. Si no desarraiga el mal carácter, corrige los malos hábitos, reprime las corrupciones flagrantes, no puede esperar nada excelente. Puede ser un buen profeta y un buen sacerdote, pero si no es también un buen rey todo lo demás es en vano. Cuando un hombre rompe su cetro y deja que sus hijos lo usen como un juguete, puede renunciar a sus esperanzas de ser exitoso con la educación cristiana… La desgracia en muchas familias es que la disciplina es inconstante e  inestable, a veces realizada con tiranía y otras, tan descuidada que hasta parece que se ha suspendido la ley. En estos casos, los hijos a veces tiemblan como esclavos, y otras veces, se sublevan como rebeldes; a veces gimen bajo la mano de hierro, otras veces se amotinan en un estado de libertad sin ley. Este es un sistema maligno, y sus efectos son generalmente lo que se puede esperar de él.

En algunos casos, la disciplina comienza demasiado tarde. En otros, termina demasiado pronto. El oficio del padre como autoridad dura casi lo mismo que la relación paternal. El niño, en cuanto puede razonar, tiene que aprender que debe ser obediente a sus padres. Si llega a la edad escolar antes de estar sujeto al control cariñoso de la autoridad paternal, probablemente se resista al yugo, como lo resiste el toro que no ha sido domado. Por otro lado, mientras los hijos sigan bajo el techo paternal, tienen que estar sujetos a las reglas de una disciplina doméstica. Muchos padres se equivocan grandemente por abdicar el trono a favor de un hijo o hija porque está llegando a ser un hombre o una mujer. Es realmente lamentable ver a un chico o chica de quince… a quien le dejan sembrar las semillas de la rebeldía en el hogar y actuar en contra de la autoridad paternal de un padre demasiado conformista, que hasta pone las riendas del gobierno en las manos de sus hijos o cae en alguna otra conducta que muestra que se conforma porque considera que sus hijos son independientes. No tiene que haber ninguna lucha por el poder. Donde un hijo ha estado acostumbrado a obedecer, aun desde la primera infancia, el yugo de la obediencia será generalmente ligero y fácil de llevar. Si no, y un carácter rebelde comienza a notarse tempranamente, el padre sensato tiene que estar en guardia y no tolerar ninguna intrusión en sus prerrogativas como padre. A la misma vez, el creciente poder de su autoridad, tal como sucede con la presión creciente de la atmósfera, debe ser sentida sin ser vista. Esto la hará irresistible.

TERCERO: Por otro lado, una severidad indebida es tan perjudicial como una tolerancia ilimitada. La transigencia desatinada ha matado sus diez miles, la dureza innecesaria también ha destruido sus miles. Una autoridad que infalible nos ha dicho que las cuerdas del amor son los lazos que unen a los seres humanos. Hay un poder formativo en el amor. La mente humana fue hecha de manera que cede con gusto a la influencia del cariño. Es más fácil guiar a alguien a cumplir su deber que forzarlo a hacerlo… El amor parece un elemento tan esencial en el carácter paternal que hay algo repugnante no sólo en un padre cruel, en un padre hiriente o severo sino también en un padre de corazón frío. Estudie el carácter paternal como lo presenta ese exquisitamente conmovedor retrato moral que es la Parábola del Hijo Pródigo. No se puede esperar que la formación cristiana prospere cuando un padre gobierna enteramente por medio de una autoridad fría, estricta, mísera, meramente con órdenes, prohibiciones y amenazas, con el ceño fruncido sin suavizarlo con una sonrisa; cuando el amigo nunca está combinado con el legislador, ni la autoridad modificada con amor; cuando su conducta produce sólo un temor servil en el corazón de sus hijos en lugar de un afecto generoso; cuando le sirven por temor a los efectos de la desobediencia en lugar de un sentido de placer en la obediencia; cuando en el círculo familiar temen al padre porque parece estar siempre de mal humor más bien que considerarlo el ángel guardián de sus alegrías; cuando aún alguna acción accidental desata una tormenta o las faltas producen un huracán de pasiones en su pecho, cuando los ofensores se ven obligados a disimular o mentir con la esperanza de no ser objeto de las severas correcciones que enterarse de ellas siempre generan en sus padres; cuando se hacen interrupciones innecesarias a los inocentes momentos de diversión; cuando de hecho no pueden ver nada del padre pero todo del tirano. La formación cristiana no puede prosperar en un ambiente así de la misma manera como uno no puede esperar que una planta tierna de invernadero prospere en los rigores de una helada eterna.

Es inútil que un padre así pretenda enseñar bíblicamente. Enfría el alma de sus alumnos. Endurece sus corazones. Los prepara para que corran con premura a su ruina en cuanto se hayan librado del yugo de su esclavitud y puedan dar rienda suelta a su libertad que expresan con una gratificación descontrolada.

Por lo tanto, los padres deben combinar su conducta de legisladores con la de amigos, atemperar su autoridad con gentileza… Deben actuar de tal manera que los hijos lleguen a la convicción de que su ley es santa y sus mandatos santos, y justos, y buenos, y que ser gobernados de esta manera es ser bendecidos.

Tomado de The Christian Father’s Present to His Children.
________________________
John Angell James (1785-1859): Pastor congregacional inglés, autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Piedad femenina, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio serio) y muchos otros; nacido en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.