El arte de una disciplina equilibrada 3

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Me estoy refiriendo no sólo a reacciones por haber perdido la paciencia, sino también a su conducta. El padre que no es consecuente en su conducta no puede realmente aplicar disciplina al hijo. El padre que hace una cosa hoy y lo opuesto mañana no puede aplicar una disciplina sana. Tiene que ser sistemáticamente constante, no sólo en las reacciones sino también en su conducta. Tiene que haber una modalidad constante en la vida del padre, porque el hijo está siempre mirando y observando. Pero si observa que la conducta de su padre es imprevisible y que él mismo hace lo que le prohíbe a su hijo que haga, tampoco puede esperar que éste se beneficie de la aplicación de tal disciplina…

Otro principio importante es que los padres nunca pueden ser irrazonables o no estar dispuestos a escuchar el punto de vista de su hijo. No hay nada que indigne más al que está recibiendo una disciplina que sentir que todo el procedimiento es totalmente
irrazonable. En otras palabras, es un padre realmente malo el que no toma en consideración ninguna circunstancia y que no está dispuesto a escuchar ninguna explicación. Algunos padres y madres, en un anhelo por aplicar disciplina corren el peligro de ser totalmente irrazonables, y de ser culpables de esto. El informe que recibieron acerca de su hijo puede estar equivocado, o puede haber circunstancias que desconocen, pero ni siquiera dejan que el niño les dé su punto de vista ni ninguna clase de explicación. Es cierto que el niño puede aprovecharse. Lo único que estoy diciendo es que nunca debemos ser irrazonables. Permita que el niño presente su explicación, y si no es una razón válida, puede castigarlo por eso también, al igual que por el hecho particular que constituye la ofensa. Pero negarse a escuchar, prohibir todo tipo de respuestas es inexcusable… Tal conducta es incorrecta, y provoca a ira a los hijos. Es seguro que los exasperará e irritará llevándolos a una actitud de rebeldía y de antagonismo…

Eso lleva inevitablemente a otro principio: La disciplina nunca debe ser demasiado severa. Éste, quizá, sea el peligro que enfrentan muchos buenos padres de familia en la actualidad al ver el desorden social todo alrededor, que con razón lamentan y condenan. El peligro es estar tan profundamente influenciado por la repugnancia que le produce que se van a este otro extremo y son demasiado severos. Lo contrario a no disciplinar para nada no es la crueldad, sino que es una disciplina equilibrada, es una disciplina controlada…

Permítame resumir mi argumento. La disciplina debe ser aplicada siempre con amor; y si no puede usted aplicarla con amor, no la intente. En ese caso, necesita mirarse usted mismo primero. El Apóstol ya nos ha dicho que digamos la verdad con amor en un sentido más general, pero lo mismo se aplica aquí. Hable la verdad, pero con amor. Sucede precisamente lo mismo con la disciplina: tiene que ser gobernada y controlada por el amor. “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, antes bien sed llenos del Espíritu”. ¿Qué es “el fruto del espíritu”? “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad… templanza” (Gál. 5:22). Si, como padres de familia, estamos “llenos del Espíritu” y producimos esos frutos, en lo que a nosotros concierne, la disciplina será un problema muy pequeño… Debe usted tener un concepto correcto de lo que significa la formación de sus hijos en el hogar y considerar al niño como una vida que Dios le ha dado. ¿Para qué? ¿Para guardárselo y para moldearlo conforme a como usted es, para imponerle la personalidad de usted? ¡De ninguna manera! Dios lo puso a su cuidado y se lo ha encargado para que su alma pueda llegar a conocerle y a conocer al Señor Jesucristo…

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9.

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David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981)