Amordazando a Dios

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¿Cómo predicar a Cristo en una generación pluralista como la nuestra? Carson  responde esta pregunta magistralmente en este libro. Excelente recurso para todo aquel que desee entender la generación en la que nos ha tocado vivir y ministrar. Sugel Michelén

Donald Arthur Carson nació el 21 de diciembre de 1946 y es un reconocido teólogo evangélico reformado que obtuvo su título de Doctorado en la Universidad de Cambridge.

Es Pastor Bautista y Profesor Asociado de Nuevo Testamento en la Trinity Evangelical Divinity School Deerfield, Illinois, EE. UU. Es editor de The Tyndale Consultations, para la World Evangelical Fellowship (Alianza Evangélica Mundial).

Carson consigue un enfoque tanto intelectual como pastoral, reconociendo correctamente que las macro filosofías del mundo tienden a ser asimiladas inconscientemente por la enseñanza popular de las iglesias dentro de una generación.

El libro «Amordazando a Dios» está dividido en 4 secciones:

Primera parte

Su punto de partida, como es debido, es definir lo que es el pluralismo, cómo se ve a diferentes niveles, y cuál es su impacto en nuestra sociedad contemporánea. Como maestro de la Palabra de Dios, advierte del desafío en el campo de la interpretación bíblica. Procede a hablar acertadamente en la primera sección, acerca del “laberinto hermenéutico” y cómo escaparse de ello, mientras debemos reconocer las perspectivas que la nueva hermenéutica abre.

Segunda parte

En la segunda sección, enfoca sobre el pluralismo religioso y se centra en la autoridad de la revelación bíblica. Es la parte más extensa del libro porque cualquier idea que intenta marginar o cuestionar el mensaje único del evangelio tiene que ocupar nuestra mayor atención. Donald A. Carson consigue llevar al día la línea desarrollada por la obra magistral de Carl F. Henry quien advirtió de estas tendencias hace treinta años.

El autor reconoce que la ofensa intelectual del evangelio procede del hecho de que si Dios ha hablado y reconocemos su única autoridad, entonces la misma claridad de la revelación separa lo que es la verdad de lo que no lo es. La exclusividad que siempre ha estado implícita en predicar el evangelio de un solo Dios y mediador, llega a ser un enfoque primordial en la batalla con el pensamiento de esta generación, por el dogma avasallador de la falsa tolerancia, en una sociedad que se considera plural hasta que el evangelio le confronta con las verdaderas alternativas.

Tercera parte

Carson no pretende legislar, en la tercera parte, sobre la forma de vida del cristiano en medio del pluralismo, pero sugiere pautas sabias para vivir entre el pleno convencimiento de la verdad del evangelio y un mundo que niega tal posibilidad. Y presenta una visión espiritual y realista de cómo debemos conducirnos sin caer en las trampas de las “respuestas fáciles” que se presentan.

Cuarta parte

La última sección mira hacia el campo evangélico para ver hasta qué punto muchos teólogos “evangélicos” se han acomodado a los vientos recios del pluralismo, no es “una caza de brujas”.Sabiamente, Carson concentra sus esfuerzos en ilustrar su tesis con referencia a los temas de polémica contemporánea – ¿cómo se debe relacionar el evangelio con la cultura de hoy?, ¿cuál es la naturaleza del infierno?-.

El conjunto de 740 páginas es un desafío bíblico a reconocer la única y exclusiva fuente de la verdad en Dios, discernir los elementos de la filosofía y la cultura que confirman o minan la enseñanza bíblica y, por nuestra fidelidad al evangelio transformador, dejar a Dios hablar a un mundo necesitado.

ÍNDICE

Prefacio

El desafío del pluralismo contemporáneo

Primera parte: Hermenéutica
Segunda parte: Pluralismo religioso
Tercera parte: Forma de vida del cristiano en medio de una cultura pluralista
Cuarta parte: El pluralismo dentro de nuestro campo

Apéndice: ¿Cuándo es espiritual la espiritualidad?

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Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

“Mi interés en el tema del pluralismo procede de una gran diversidad de experiencias. La primera de ellas es la siempre presente necesidad de comprender la propia cultura de uno. Esa necesidad aparece con mayor intensidad en aquellos que se trasladan de una cultura a otra: su movilidad los expone a una gran diversidad de puntos de vista, lo que les lleva a preguntarse de repente qué es lo que diferencia su propio mundo. Es una necesidad que aparece no con menor desafío entre quienes disfrutan leyendo biografías y otros estudios históricos: al ir formando nuestra opinión acerca de pasados movimientos y períodos, comenzamos a preguntarnos qué dirá la gente algún día acerca de nuestra propia cultura y período histórico. Por supuesto, el tiempo transcurrido se exagera considerablemente: no se caracteriza por algo así como el vacío que la gente le suele asignar. No obstante, el tiempo transcurrido es mucho más preciso que los pronósticos acerca del futuro (esos extravagantes horóscopos de las ciencias sociales dignas del mayor descrédito); también es más comprensible que la mayoría de valoraciones actuales. Puesto que vivimos en el presente, no obstante, el presente es lo que debemos tratar de comprender, por mucho que intentemos arrojar luz sobre el pasado de la cuestión. Y el tema común de la gran mayoría de comentaristas que intentan definir la cultura occidental de finales del siglo XX es el pluralismo. Por tanto, es inevitable que me haya sumergido dentro de la vasta literatura sobre esta cuestión y que me encuentre luchando con ella.

La segunda clase de experiencia que me ha empujado a pensar acerca de estas cuestiones procede de mi vocación como maestro cristiano. Durante años he enseñado cursos de hermenéutica. He observado que la hermenéutica va desde el arte y la ciencia de la interpretación bíblica hasta la «nueva hermenéutica» de la deconstrucción, con muchas paradas a lo largo del viaje y muchas carreteras comarcales interesantes. Todo el que ha reflexionado acerca de estas cosas ha tenido que reconocer muy pronto que muchas formas de pluralismo contemporáneo van ligadas a determinadas aproximaciones a la hermenéutica. Un maestro cristiano no puede pensar mucho acerca de lo primero sin leer más acerca de lo último. Como antídoto para las pretensiones arrogantes del conocimiento positivo de hace un siglo, la nueva hermenéutica es bastante moderada. Pero, cuando resulta que debería enseñarnos a ser humildes, se ha convertido en la mayor ideología imperial de nuestros días. Nos amenaza con un nuevo totalitarismo ideológico que resulta francamente alarmante en sus pretensiones y prescripciones. La tercera clase de experiencia que me ha impulsado a reflexionar sobre las características del pluralismo contemporáneo deriva de mi vocación como predicador cristiano. Por ejemplo, las campañas en la universidad deben encararse en la actualidad con aproximaciones y puntos de vista sustancialmente diferentes de aquellos a los que me enfrentaba cuando me gradué hace treinta años. Muchas de estas diferencias no son más que la obra que ha ido llevando a cabo una u otra forma de pluralismo, tanto en el mundo académico como en nuestra cultura. Escribo como cristiano. En mis momentos más sombríos, a veces me pregunto si la terrible cara de lo que denomino pluralismo filosófico es la amenaza más peligrosa para el evangelio desde la herejía gnóstica del siglo II, y por razones parecidas. Parte del peligro surge del hecho de que la nueva hermenéutica y sus muchas ramificaciones no son del todo erróneas: sería más fácil enfrentarse a una ideología que fuese total y profundamente corrupta. Pero otra parte del peligro deriva de la cruda realidad de que, hasta donde alcanzo a discernir, las nuevas hermenéuticas y sus descendientes son a menudo profundamente erróneas, y tan populares que resultan perniciosas. Desde un punto de vista más optimista, temo que la expresión de estas sospechas puede sonar muy severa y, en cualquier caso, la verdad es que me siento pobremente capacitado para hacer semejantes juicios. Además, el posmodernismo está demostrando tener mucho éxito en minar el extraordinario orgullo del modernismo, y a ningún cristiano cabal le entristece esto del todo. En cualquier caso, no se puede contradecir de manera razonable que los desafíos contemporáneos son extraordinariamente complejos y dolorosamente serios.

La complejidad del tema deja a un autor ante una difícil elección. Cabe optar por un libro popular que examine por encima un montón de material de manera superficial, o bien por un estudio profundo de una parte del tema. Yo he intentado hacer ambas cosas a la vez: gran parte de este libro pinta un cuadro a grandes trazos con brocha gorda; pero de vez en cuando me centro en aspectos particulares del desafío, excavando debajo de la superficie para hacer frente a algunas cuestiones que me parecen más urgentes, o quizás menos valoradas en la literatura. Si algo de lo que escribo en las páginas siguientes sirve para equipar a algunos cristianos para llegar a una inteligente, sensible culturalmente y apasionada fidelidad al evangelio de Jesucristo, o si anima a algunas personas que piensan y no son creyentes a examinar de nuevo los fundamentos y así llegar a darse cuenta de que Jesús es el Señor, estaré profundamente agradecido.

Quizás ayudo a algunos lectores reconociendo que los capítulos 2 y 3 son los más teóricos. Si resultan demasiado difíciles para empezar, hay posibilidad de saltarlos. Aunque contienen un fundamento para el resto del libro, los últimos capítulos se pueden leer y aprovechar sin los primeros.

Parte del material de estas páginas ha sido obtenido a partir de conferencias dadas en Cambridge, Inglaterra; en el Seminario Teológico de Erskine, en Carolina del Sur; en los Grupos Bíblicos de Graduados de Wisconsin y de Michigan; y en otros lugares. En particular, parte del material que aparece aquí vio la luz por primera vez en alguno de los tres ensayos siguientes: «Testimonio cristiano en una era pluralista», en God and Culture [Dios y la cultura], Festschrift for Carl F.H. Henry, ed. D. A. Carson y John Woodbridge (Gran Rapids: Eerdmans, 1993), 31-66; y dos ensayos publicados en Criswell Theological Journal: «El desafío del pluralismo para la predicación del evangelio» y «El desafío de la predicación del evangelio al pluralismo». El apéndice fue publicado por primera vez (en portugués) en forma sencilla en el Festschrift for Rusell Shedd, Chamado para servir, ed. Alan Pieratt (Sao Paulo: Ediciones Vida Nova, 1994), y (en inglés), en forma parecida, en el Journal of the Evangelical Theological Society 37 (1994), 381-394. Estoy muy agradecido a los editores por permitirme incorporar aquí ese material.

También quiero comentar algo acerca de la estructura del libro. El primer capítulo es una presentación del pluralismo en sus diversas formas, exponiendo muchos de los puntos que son explorados con detalle más adelante. Es inevitable que el capítulo 1 y los capítulos posteriores se solapen en algunos momentos, pero pensamos que merece la pena tener una visión general a pesar de que eso ocasione alguna que otra repetición.

El título de Amordazando a Dios fue utilizado por vez primera en un libro de Gavin Reid. Su título completo era: Amordazando a Dios: El fracaso de la Iglesia para comunicarse en la era de la televisión. (Londres: Hodder & Stoughton. 1969). Su subtítulo aclara lo que Reid quería decir en el título. El que yo utilice las mismas palabras se debe a dos razones, como podrán descubrir los lectores de este libro. También descubrirán que, a pesar de nuestros grandes esfuerzos por amordazar a Dios, él sigue allí, y no está callado (como solía decir Francis Schaeffer).”

* Editorial Andamio 2ª edición Enero 2016Nº páginas: 740 pp.

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