Cómo enseñar a los niños acerca de Dios 2

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2. Hay que criar a los hijos en el camino de la fe en el Señor Jesucristo. Ustedes saben, mis amigos, y espero que muchos de ustedes lo sepan por la experiencia cotidiana de gozo en sus almas, que Cristo es “el camino, la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Es por él que podemos acercarnos a Dios confiadamente, que de otro modo es “un fuego
consumidor” (Heb. 12:29). Por lo tanto, es de suma importancia guiar a los niños lo más pronto posible hacia el conocimiento de Cristo, que es sin duda, una parte considerable de la “disciplina y amonestación” del Señor que el Apóstol recomienda y que quizá fue lo que intentó decir con esas palabras (Ef. 6:4).

Por lo tanto, tenemos que enseñarles lo antes posible que los primeros padres de la raza humana se rebelaron contra Dios y se sometieron a sí mismos y a sus descendientes a la ira y maldición divina (Gén. 1-3). Debe explicar las terribles consecuencias de esto, y esforzarse por convencerlos que ellos se hacen responsables de desagradar a Dios—¡cosa terrible!—por sus propias culpas. De este modo, por medio del conocimiento de la Ley, abrimos el camino el evangelio, a las nuevas gozosas de la liberación por medio de Cristo.

Al ir presentando esto, hemos de tener sumo cuidado de no llenarles la mente con una antipatía hacia una persona sagrada mientras tratamos de atraerlos hacia otra. El Padre no debe ser presentado como severo y casi implacable, convencido casi por fuerza, por la intercesión de su Hijo compasivo, a ser misericordioso y perdonador. Al contrario,  hemos de hablar de él como la fuente llena de bondad, que tuvo compasión de nosotros en nuestro sufrimiento impotente, cuyo brazo todopoderoso se extendió para salvarnos, cuyos consejos eternos de sabiduría y amor dieron forma a ese importante plan al cual debemos toda nuestra esperanza. Les he mostrado a ustedes que esta es la doctrina bíblica. Debemos enseñarla a nuestros niños a una edad temprana, y enseñar lo que era ese plan, en la medida que sean capaces de recibirlo y nosotros capaces de explicarlo. Debemos decirles repetidamente que Dios es tan santo, tan generoso que, en lugar de destruir con una mano o con la otra dejar sin castigo al pecado, hizo que su propio Hijo fuera un sacrificio por él, haciendo que él se humillara a fin de que nosotros pudiéramos ser exaltados, que muriera a fin de que nosotros pudiéramos vivir.

También hemos de presentarles—¡con santa admiración y gozo!— con cuánta disposición consintió el Señor Jesucristo procurar nuestra liberación de un modo tan caro. ¡Con cuánta alegría dijo: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Heb. 10:7, 9)! Para mostrar el valor de este asombroso amor, debemos esforzarnos, según nuestra débil capacidad, por enseñarles quién es este Redentor compasivo, presentarles algo de su gloria como Hijo eterno de Dios y el gran Señor de ángeles y hombres. Hemos de instruirles en su asombrosa condescendencia al dejar esta gloria para ser un niño pequeño, débil e indefenso, y luego un hombre afligido y de dolores. Hemos de guiarlos al conocimiento de esas circunstancias en la historia de Jesús que tengan el impacto más grande sobre su mente y para inculcarles desde pequeños, un sentido de gratitud y amor por él. Hemos de contarles cuán pobre se hizo a fin de enriquecernos a nosotros, con cuánta diligencia anduvo haciendo el bien, con cuánta disposición predicaba el evangelio a los más humildes. Debemos contarles especialmente lo bueno que era con los niñitos y cómo mostró su desagrado a sus discípulos cuando trataban de impedir que se acercaran a él. La Biblia dice expresamente que Jesús estaba muy disgustado y dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Luc. 18:16)—un momento tierno que quizá quedó registrado, por lo menos en parte, por esta razón: que los niños de épocas venideras lo conocieran y se vieran afectados por él.

Tomado de The Godly Family (La familia piadosa).
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Philip Doddridge (1702-1751): pastor inglés no conformista, prolífico autor y escritor de himnos; nacido en Londres, Inglaterra.