Cómo educar a los hijos para Dios 2

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En tercer lugar, si educamos a nuestros hijos para Dios, tenemos  que hacer todo lo que hacemos por ellos basados en motivaciones correctas. Casi la única motivación que las Escrituras consideran correcta es hacerlo para la gloria de Dios y tener un anhelo devoto de promoverla; y no consideran que nada se hace realmente para Dios que no fluye de esta fuente. Sin esto, por más ejemplar que sea, no hacemos más que dar fruto para nosotros mismos y no somos más que una vid sin vida. Por lo tanto, tenemos que ser gobernados por esta motivación al educar a nuestros hijos si queremos educarlos para Dios y no para nosotros mismos. En todos nuestros cuidados, labores y sufrimientos por ellos, una consideración por la gloria divina debe ser el incentivo principal que nos mueve. Si actuamos meramente basados en nuestro afecto paternal y maternal, no actuamos basados en un principio más elevado que el de los animales irracionales a nuestro alrededor, muchos de los cuales parecen amar a sus hijos con no menos ardor ni estar menos listos para enfrentar peligros, esfuerzos y sufrimientos para promover su felicidad que nosotros para promover el bienestar de los nuestros. Pero si el afecto paternal puede ser santificado por la gracia de Dios y las obligaciones paternales
santificadas por un anhelo de promover su gloria, entonces nos elevamos por encima del mundo irracional para ocupar nuestro lugar correcto y poder educar a nuestros hijos para Dios. Aquí, mis amigos, podemos observar que la verdadera religión, cuando prevalece en el corazón, santifica todo. Hace que aun las acciones más comunes de la vida sean aceptables a Dios y les da una dignidad e importancia que en sí mismas no merecen… Por lo tanto, el cuidado y la educación de los hijos, por más insignificantes le parezcan a algunos, deben realizarse teniendo en cuenta la gloria divina. Cuando así se hace, se convierte en una parte importante de la verdadera religión.

En cuarto lugar, si hemos de educar a nuestros hijos para Dios, tenemos que educarlos para su servicio. Los tres puntos anteriores que hemos mencionado se refieren principalmente a nosotros mismos y nuestras motivaciones. Pero este punto tiene una relación más inmediata con nuestros hijos mismos. A fin de capacitarnos para instruir y preparar a nuestros hijos para el servicio de Dios, tenemos que estudiar diligentemente su Palabra para asegurarnos de lo que él requiere de ellos, tenemos que orar con frecuencia pidiendo la ayuda de su Espíritu para ellos al igual que para nosotros… Hemos de cuidarnos mucho de decir o hacer algo que pueda, ya sea directa o indirectamente, llevarlos a considerar la religión como algo de importancia secundaria. Por el contrario, hemos de trabajar constantemente para poner en sus mentes la convicción de que consideramos la religión como la gran ocupación de la vida, el favor de Dios como el único objetivo al cual apuntamos y el disfrutar de él de aquí en adelante como la única felicidad, mientras que, en comparación, todo lo demás es de poca consecuencia, no obstante lo importante que de otro modo sea.

Tomado de “Children to Be Educated for God” en The Complete Works of Edward Payson, Vol. III (Las obras completas de Edward Payson.
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Edward Payson (1783-1827): Predicador norteamericano; pastor de la Congregational Church de Portland, ME; nacido en Rindge, NH, EE.UU.