Deberes Familiares 5

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Objeción: Pero mi marido es inconverso, ¿qué puedo hacer?

Respuesta: En este caso, lo que he dicho antes se aplica con más razón.

Porque,
1. Debido a esta condición, su esposo estará atento para aprovechar sus deslices y debilidades con el fin de echárselo en cara a Dios y a su Salvador.

2. Es probable que interprete de la peor manera, cada una de sus palabras, acciones y gestos.

3. Y todo esto tiende a endurecer más su corazón, sus prejuicios y su oposición a su propia salvación; por lo tanto, como dice Pedro: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Pedro 3:1, 2). La salvación o la condenación de su marido depende mucho de su buena conducta delante de él; por lo tanto, si teme a Dios o si ama a su marido,
procure, por medio de su comportamiento lleno de mansedumbre, modestia, santidad y humildad delante de él, predisponerlo a querer su propia salvación y, haciendo esto, “porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido?” (1 Cor. 7:16).

Objeción: Pero mi marido, no sólo es inconverso, sino que es un contencioso, malhumorado y cascarrabias, sí, tan contencioso, que no sé cómo hablarle ni cómo comportarme en su presencia.

Respuesta: Es cierto que algunas esposas viven en una verdadera esclavitud en razón de sus esposos impíos y, como tales, deben inspirar lástima y oraciones a su favor, de manera que sean, tanto más cuidadosas y sobrias, en todo lo que hacen.

1. Por lo tanto, sea muy fiel a él en todas las cosas de esta vida.

2. Sea paciente con su conducta desenfrenada e inconversa. Usted está viva, él está muerto; usted está bajo la gracia, él bajo el pecado. Ahora, entonces, teniendo en cuenta que la gracia es más fuerte que el pecado y la virtud que lo vil, no se deje vencer por su vileza, en cambio, vénzala con sus virtudes (Rom. 12:12-21). Es una vergüenza que los que viven bajo la gracia, sean tan habladores, como los que no la tienen: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; Mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad” (Prov. 14:29).

3. Si en algún momento desea hablar a su esposo para convencerle acerca de algo, sea bueno o malo, sepa discernir el momento propicio: Hay “tiempo de callar, y tiempo de hablar” (Ecl. 3:7). Ahora bien, con respecto a encontrar el momento propicio:

1) Considere su estado de ánimo y acérquese a él en el momento que más lejos esté de esas sucias pasiones que la afligen. Abigail no quiso decirle ni una palabra a su esposo ebrio hasta que se le pasara el efecto del vino y estuviera sobrio (1 Sam. 25:36, 37). No hacer caso de esta observación es la razón por la que se habla mucho y se logra poco.

2) Háblele en esos momentos cuando el corazón de él se siente atraído a usted y cuando da muestras de su cariño y de lo complacido que se siente con usted. Esto es lo que hizo Ester con su marido el rey y prevaleció (Ester 5:3, 6; 7:1, 2).

3) Esté atenta para notar cuándo las convicciones despiertan su conciencia y sígalas con dichos profundos y certeros de las Escrituras. En forma parecida trató la esposa de Manoa a su esposo (Jue. 13:22, 23).

Aun entonces:

a. Sean pocas sus palabras.
b. Y ninguna de ellas disfrutando cuando puede echarle en cara algo. En cambio, diríjase aun a él como su cabeza y señor, con ruegos y súplicas.
c. Y todo en tal espíritu de comprensión y un corazón tan lleno de afecto por su bien, que su forma de hablar y su conducta al hablarle, le sea claro a él que habla por cariño, que es sensible a la desdicha de él y que su alma está inflamada del anhelo de que sea salvo.
d. Y apoye sus palabras y su conducta con oraciones a Dios, a favor de su alma.
e. Manteniendo usted una conducta santa, casta y modesta ante él.

Objeción: Pero mi esposo es estúpido, un necio que no tiene la inteligencia suficiente para desenvolverse en este mundo.

Respuesta:
1. Aunque todo esto sea cierto, tiene que saber que él es su cabeza, su señor y su esposo.

2. Por lo tanto, no quiera ejercer su autoridad sobre él. Él no fue hecho para usted, para que usted tenga dominio sobre él, sino para ser su esposo y ejercer su autoridad sobre usted (1 Tim. 2:12; 1 Cor. 11:3, 8).

3. Por lo tanto, aunque en realidad tenga usted más discernimiento que él, debe saber que usted y todo lo que es de usted, debe ser usado bajo su esposo; “en todo” (Ef. 5:24).

Cuídese, entonces, de que lo que usted hace no aparezca bajo su nombre, sino bajo el de él; no para su propia exaltación, sino para la de él; haciendo todo de modo que por su destreza y prudencia, nadie pueda ver ni una de las debilidades de su esposo: “La mujer virtuosa es corona de su marido; mas la mala, como carcoma en sus huesos” (Prov. 12:4) y así entonces, como dice el sabio: “Le da ella bien y no mal, todos los días de su vida” (Prov. 31:12).

4. Por lo tanto actúe como si estuviera, y de hecho esté, bajo el poder y la autoridad de su marido.

Ahora tocante a su conducta con sus hijos y sirvientes. Usted es una madre y la señora de su casa, y debe comportarse como tal. Y además, al considerar a la mujer creyente como una figura de la iglesia, debe, como la iglesia, nutrir y enseñar a sus hijos, sus sirvientes y, como la iglesia, también dar razón de sus acciones y, ciertamente, al estar la esposa siempre en casa, tiene una gran ventaja en ese sentido; por lo tanto, hágalo y el Señor prosperará su quehacer.

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

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