Testimonio de la buena profesión de Alexís Barón von Roenne 2

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Continuación de …

Carta de despedida a su madre

Berlín, 11 de octubre de 1944. Al atardecer.

Así que no temas en modo alguno. Padre solía contarme que nuestro abuelo, en su lecho de muerte, rechazó una medicina sedante con las palabras: “Se tiene que soportar todo”. ¡Él permaneció tan soberano por encima de la muerte, fue magnífico!

Hace ya una semana que he estado esperando la muerte día a día; en este momento, por ejemplo, la espero mañana, y el Señor en su inmensa misericordia me ha librado de todo terror. Todo el día oro y pienso en perfecta calma y casi exclusivamente acerca de él y, al mismo tiempo, desde luego, sobre quienes son muy queridos para mí. Tengo buen apetito, me gozo en tomar el sol, y he tratado de librarme del mundo solo en la medida en que he dejado de leer y, tanto como me es posible, de mantener mis pensamientos fuera de todos los asuntos militares y políticos, y a disposición solo del Salvador. Voy a la cama temprano, en oración; duermo pacífica y profundamente, como un niño, toda la noche, e inmediatamente después de despertarme me vuelvo a él. Con todo esto, en lo espiritual me siento completamente libre y, aún más, aparte de mis pensamientos acerca de mi esposa y mis dos pequeños niños, soy un hombre completamente feliz, fenómeno que a menudo se considera asombroso aquí y que tiene su explicación en él.

Al principio me proponía encontrar modos que me dieran fuerza y una disposición gozosa para morir. Después, de pronto, Dios me mostró dos medios de ayuda. En primer lugar, tuve que imaginarme mi muerte en toda su realidad y después compararla con la suya. Eso me ha ayudado enormemente: por un lado, la víctima inocente que sufrió voluntariamente una muerte de martirio de muchas horas, a manos de aquellos que él había venido a salvar; por otro lado, un acontecimiento de un momento de duración con el que, en cualquier caso, estaba obligado a enfrentarme en algún momento, quizá de una forma mucho más dolorosa, o tras una larga enfermedad. Obtuve esta sugerencia de dos bellos versos: “Cuando las fuerzas me fallen un día,” y especialmente: “Y déjame ver tu figura coronada en Tu agonía”. Por consiguiente, me avergoncé de todas mis inhibiciones y me vi libre de temor. Y después, él me señaló que el momento de la muerte es, al mismo tiempo, por supuesto, el primer momento de la vida en su bendito descanso y en la paz de Dios. Al guardar estos pensamientos firmemente en mi mente, durante días he estado, cada hora, en completa calma y desapego, con pensamientos perfectamente pacíficos y pulso firme, deseando la llegada de mi partido o mi veloz viaje a casa, y estoy completamente confiado en que el breve acontecimiento final estará igualmente irradiado por su indescriptible gracia.

Te escribo esto con tanto detalle, mi querida mamá, porque quizá con ello pueda, actuando a su servicio, darte un poco de ayuda. Desde el comienzo mismo de este último excepcional periodo de gracia (dos meses y medio) no ha habido ninguna duda en mi mente en cuanto a que debo toda esta inmerecida gracia, en muy gran medida, a tus oraciones durante una década, y las palabras no son suficientes para expresar mi gratitud a ti. Considero esta intercesión tuya como el mayor regalo, con mucho, de tu amor sin fin por mí, y en la vida venidera hablaremos de ello con frecuencia. Pero te ruego con todo mi corazón que, por el resto de tu tiempo sobre la tierra, transfieras estas oraciones a Úrsula y a mis dos pequeños. Hazlo, te ruego fervientemente, con el mismo amor y lealtad. Es un indescriptible tesoro que tú estarás dando a mis queridos esposa e hijitos que lo necesitan tan desesperadamente. Estoy seguro de que cumplirás mi deseo.

Continuará …

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Jonathan Watson (The Banner of Truth).

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