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En primer lugar, debemos clamar a Dios cada día y pedirle que nos ayude a desarrollar esa disposición de mente y de corazón. Muchas cosas se alían contra nosotros para que no seamos reflexivos, comenzando por la indisposición natural de nuestra carne que se opone violentamente a todo lo espiritual.

Dice Pablo en Romanos 8:7 que «los designios (o pensamientos) de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden». Se trata de una enemistad irreconciliable. Los pensamientos que emanan de nuestra carne son enemistad contra Dios y se oponen violentamente a todo lo bueno y espiritual.

Pensar en aquellas cosas en las que un creyente debe pensar requiere de un esfuerzo por nuestra parte, de una lucha. Observa la foto de «El pensador», de Rodin, y te darás cuenta de que no se encuentra en una posición relajada. Todos sus músculos están en tensión. ¿Sabes por qué? Porque está pensando, no sabemos exactamente en qué, pero podemos suponer que se trata de algo serio; y pensar seriamente requiere esfuerzo. (Cuánto más cuando se está pensando en cosas santas y espirituales! Encontraremos indisposición en nuestra carne para pensar en estas cosas; debemos saber que tendremos que luchar con nuestros pensamientos.

Pero ese no es el único obstáculo que debemos vencer. También tenemos que luchar contra el espíritu de nuestra época. Vivimos en un tiempo en el que, paradójicamente, se tiene mucha información a mano, pero, al mismo tiempo, se atenta seriamente contra el proceso de pensamiento del hombre. Nunca antes había tenido el ser humano tantas    cosas en las que refugiarse para no pensar y, sobre todo, cosas tan accesibles: televisión, videos, revistas insulsas y todo lo que ofrece Internet. No es tarea fácil abstraerse de esas cosas para ocupar nuestro tiempo en algo útil y productivo. Es más sencillo desconectar la mente frente a una pantalla de TV, o divagar por Facebook, que tomar un buen libro y alimentar el alma. Debemos clamar incesantemente a nuestro Dios para que nos libre de ese terrible espíritu de la época, de esa ligereza que tristemente caracteriza a nuestra generación.

En segundo lugar, debemos esforzarnos por llenar nuestra mente de todo aquello que nos permita ser cada vez más reflexivos, más serios y más profundos en nuestro proceso de pensamiento. Hay varias cosas que debemos hacer en ese sentido.

Lo primero de todo, esfuérzate por leer diaria, ordenada y sistemáticamente la Palabra de Dios. Dice Pablo en Colosenses 3:16 que la palabra de Cristo debe morar abundantemente en nosotros. ¿Quién es el varón bienaventurado según la enseñanza del Salmo 1? Aquel que medita día y noche en la ley del Señor. ¿Pero cómo podría este hombre meditar en estas cosas si no crece día a día en el conocimiento de dicha ley?

Continuará …

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Sugel Michelén tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”.

Nacido en un hogar no cristiano, conoció la gracia de Dios en Cristo a la edad de 17 años. Desde sus primeros tiempos como creyente sentía el deseo de servir al Señor en su obra, pero no sabía con exactitud cuál era la voluntad de Dios al respecto. Finalmente entró a estudiar para el ministerio en el 1979, y posteriormente fue enviado por la Iglesia a la ciudad de Puerto Plata, Rep.Dominicana, a comenzar una obra allí. Pero en el 1984 regresó a la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo sirviendo desde entonces como parte del consejo de pastores de dicha congregación. Como parte de su ministerio pastoral, tiene la responsabilidad de exponer regularmente la palabra de Dios en el día del Señor. El pastor Michelén es casado y padre de tres hijos.