Las bodas del cordero 1

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LAS BODAS DEL CORDERO SON EL RESULTADO DEL DON ETERNO DEL PADRE.

Nuestro Señor dijo: “Tuyos eran, y me los diste” (Juan 17:6). Luego oró diciendo: “Padre,aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). El Padre hizo una elección y dio los escogidos a su Hijo para que fueran su porción. Por ellos, hizo un pacto de redención comprometiéndose a asumir la naturaleza de ellos a su debido tiempo, a pagar el castigo por sus ofensas y a liberarlos para que fuesen suyos. Amados míos, eso que fue determinado en los concilios de la eternidad y acordados allí por las altísimas partes contrayentes, será consumado definitivamente el día cuando el Cordero tome para sí, en una unión eterna, a todos los que le fueron dados por su Padre desde la eternidad.

Este será el cumplimiento del compromiso matrimonial que, a su tiempo, realizó con cada uno de ellos. No voy a intentar entrar en distinciones, pero hasta donde nos concierne a ustedes y a mí, el Señor Jesucristo celebró su boda con nosotros individualmente justificándonos en el momento que por primera vez creímos en él. Luego nos tomó para ser suyos y se entregó para ser nuestro, de modo que podemos cantar “Mi amado es mío y yo [suyo]” (Cantares 2:16). Esta era la esencia de la boda. Pablo, en la epístola a los Efesios, representa a nuestro Señor como estando desposado con su iglesia. Podemos ilustrar esto con la costumbre oriental por la cual, cuando la novia es prometida en matrimonio, entra en efecto toda la inviolabilidad del matrimonio mismo aunque puede pasar todavía algún tiempo antes de que sea llevada a la casa de su esposo. Ella vive en su hogar paterno, no deja atrás a su propia familia a pesar de estar desposada en verdad y justicia. En el día señalado, el día que podríamos llamar el de la boda verdadera, es llevada a su casa de casada. No obstante, el compromiso matrimonial es la propia esencia del matrimonio. Siendo así, entonces ustedes y yo estamos comprometidos en matrimonio con nuestro Señor ahora, y él está unido a nosotros con lazos indisolubles. Él no quiere separarse de nosotros, ni podemos nosotros separarnos de él. Él es el gozo de nuestra alma y se regocija por nosotros con cánticos. ¡Alegrémonos porque él nos ha escogido y llamado, y estando ya comprometidos, espera con anticipación el día de la boda! ¡Sintamos aun ahora que aunque estamos en el mundo, somos de él, nuestro destino no está aquí en medio de estos hijos frívolos de los hombres! Desde ya, ¡nuestro hogar está en lo Alto!

El día de las bodas indica el perfeccionamiento del cuerpo de la iglesia. Ya he dicho que en ese entonces la iglesia estará completa, pero que aún no lo está. Estando Adán dormido, el Señor tomó de su costado una costilla, y con ella formó una ayuda idónea para él. Adán no la vio mientras Dios la estaba formando, pero cuando abrió los ojos vio ante él la forma perfecta de su ayuda idónea. Amados míos, Dios está formando la verdadera iglesia ahora… La iglesia que está comprometida con el Novio celestial no es visible todavía porque está en proceso de formación. El Señor no va a permitir que simplones como nosotros veamos su obra a medio terminar. Pero llegará el día cuando habrá terminado su nueva creación, y entonces la presentará para que sea el deleite del segundo Adán para toda la eternidad. La iglesia no ha sido aún perfeccionada. Leemos de la parte de ella que está en el cielo: “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Heb. 11:40). Si somos verdaderamente creyentes, ¡hasta que lleguemos nosotros allá, no puede haber una iglesia perfecta en la gloria! A la música de las armonías celestiales todavía le faltan ciertas voces. Algunas de las notas necesarias son demasiado bajas para los que ya están allá, y otras demasiado altas para ellos, hasta que arriben todos los cantores que han sido escogidos para completar las notas que faltan y conformar así el coro perfecto… Amados míos, en el día de las bodas del Cordero allí estarán todos los escogidos ––los grandes y los pequeños— hasta los creyentes que están luchando duramente hoy con sus pecados, dudas y temores. ¡Allí estará cada miembroviviente de la iglesia viviente para ser desposado con el Cordero!

Estas bodas significan más de lo que les he dicho: Es la ida al hogar celestial. No hemos de vivir para siempre en estas tiendas de Cedar en medio de un pueblo extraño. El Novio bendito viene para llevarnos al reino de la felicidad, donde ya no diremos: “Mi vida está entre leones”. Todos los fieles partiremos pronto a tu tierra, ¡oh Emanuel! Moraremos en la tierra que fluye leche y miel, en la tierra del sol radiante que no se oculta nunca, la morada de los benditos del Señor. ¡Ciertamente feliz será llegar a la patria de la iglesia perfecta!

Las bodas son la coronación. ¡La iglesia es la esposa del gran Rey, y él colocará la corona sobre su sien y la dará a conocer como su verdadera esposa para siempre! ¡Oh, qué día será aquel cuando cada miembro de Cristo será coronado en él y con él, y cada miembro del cuerpo místico será glorificado en la gloria del Novio! ¡Oh, que esté yo allí en aquel día! Hermanos, tenemos que estar con nuestro Señor en la batalla si queremos estar con él en la victoria. Tenemos que estar con él llevando la corona de espinas, si queremos estar con él para llevar la corona de gloria. Tenemos que ser fieles por su gracia hasta la muerte, si hemos de compartir la gloria de su vida eterna.

Es imposible expresar todo lo que significan estas bodas, pero ciertamente significan que todos los que creyeron en él entrarán en ese momento en una vida de total felicidad que nunca acabará, una felicidad nunca empañada por el temor ni las sombras. Ellos estarán con el Señor para siempre, glorificado con él eternamente. No esperemos que labios humanos hablen acertadamente sobre un tema como este. Se necesitan lenguas de fuego y palabras que penetren el alma como lenguas de fuego.

¡Vendrá el día, el Día entre los días, corona y gloria del tiempo cuando, habiendo concluido para siempre todo conflicto, peligro y juicio, los santos, arropados con la justicia de Cristo, serán eternamente uno con él en una unión viva, amante y permanente, compartiendo unidos la misma gloria, la gloria del Altísimo! ¡Cómo será estar allí! Amados míos, ¿estarán allí ustedes? Afirmen su vocación y elección. Si no confían en el Cordero estando en la tierra, no reinarán con el Cordero en su gloria. El que no ama al Cordero como el sacrificio expiatorio, nunca será la esposa del Cordero. ¿Cómo podemos esperar ser glorificados con él si lo abandonamos en el día de su escarnio? ¡Oh, Cordero de Dios, sacrificio mío, yo quiero ser uno contigo, pues esto es mi vida misma! Si podemos hablar de este modo, podemos esperar que participemos de las bodas del Cordero.

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

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