Cómo encontrar pareja matrimonial 3

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EL MATRIMONIO SIEMPRE DEBE CONTRAERSE SIGUIENDO LOS DICTADOS DE LA RELIGIÓN.

La persona devota no debiera casarse con alguien que no sea también devota. No es conveniente unirse a un individuo, aun de una denominación distinta, cuando cada uno, obedeciendo a su conciencia, asiste a su propia iglesia. No es bueno separarse los domingos por la mañana para ir uno a un templo y el otro a otro. La caminata más deliciosa que una pareja consagrada puede hacer es ir juntos a la casa de Dios y conversar sobre los temas importantes de la redención y las realidades invisibles de la eternidad. Nadie quiere perderse esto voluntariamente… No obstante, si el interés de la pareja fuera lo único en juego, sería una cuestión de menos consecuencia. Pero es una cuestión de conciencia y un asunto en el cual no tenemos opción. “Libre es para casarse con quien quiera”, dice el Apóstol refiriéndose a las viudas, “con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39).

Ahora bien, aunque esto fue dicho con referencia a una mujer, toda la Ley se aplica con la misma fuerza al otro sexo. Esto es no solo un consejo, sino una ley. Es tan inapelable como cualquier otra ley que encontramos en la Palabra de Dios. El modo imprevisto como ocurre este mandamiento judicial es… la confirmación más fuerte de que la regla es para todos los casos donde se contempla el matrimonio y donde no ha habido un compromiso matrimonial antes de la conversión. En cuanto al otro pasaje, donde el Apóstol nos ordena a no unirnos “en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14), no se aplica al matrimonio excepto por inferencia, sino a la comunión en la iglesia o más bien las asociaciones y conductas en general que no deben formar los cristianos con los inconversos. Pero si esto es incorrecto en otras esferas, ¡cuánto más lo es en esa relación que ejerce una influencia sobre nuestra personalidad al igual que nuestra felicidad! El que un cristiano, entonces, contraiga matrimonio con alguien que decidida y evidentemente no es creyente, es algo directamente opuesto a la Palabra de Dios…Tener gustos distintos en cuestiones secundarias es un obstáculo para la armonía doméstica. Entonces, las diferencias de opiniones en lo que respecta al importantísimo tema de la religión es un peligro, no solo para la armonía sino también es una imprudencia que el cristiano ni siquiera debiera considerar. ¿Cómo pueden lograrse los altos ideales de la familia donde uno de los padres no cuenta con las calificaciones necesarias para lograrlos? ¿Cómo puede llevarse a cabo la educación religiosa y los hijos ser formados en el conocimiento y la admonición del Señor? En lo que respecta a la ayuda individual y personal en cuestiones religiosas, ¿acaso no queremos ayudas en lugar de obstáculos? El cristiano debe doblegar todo a la religión, y no dejar que la religión se doblegue a nada. Esto es lo primordial, a lo cual todo ha de subordinarse…Me temo que el descuido de esta regla clara y razonable se está haciendo más y más común…En el excelente tratado que publicó el Sr. Jay… hace él los siguientes comentarios acertados e importantes. “Estoy convencido de que se debe a lo prevalente de estas relaciones indiscriminadas y no consagradas, que nos hemos distanciado erradamente de aquellos hombres de Dios que nos precedieron en nuestro aislamiento del mundo, en la simplicidad de nuestra manera de ser, en la uniformidad de nuestra profesión de fe, en el cumplimiento del culto familiar y en la formación de nuestros hijos en el conocimiento y la admonición del Señor” (William Jay, 1769-1853).

Nadie debe contemplar la posibilidad de una relación como el matrimonio sin la mayor y más profunda consideración, ni sin las oraciones más serias a Dios pidiendo su dirección. Pero las oraciones, para ser aceptables ante el Altísimo, tienen que ser sinceras y elevadas con un verdadero anhelo de conocer y hacer su voluntad. Creo que muchos actúan con la Deidad como lo hacen con sus amigos: toman sus decisiones y luego piden orientación. Tienen algunas dudas, y a menudo, fuertes, acerca de que si el paso que están por tomar es el correcto, pero estas se van disipando gradualmente con sus oraciones por las que ellos mismos se van convenciendo de que su decisión es la  apropiada, decisión que, de hecho, ya habían tomado. Orar por algo que ya sabemos es contrario a la Palabra de Dios y que ya hemos resuelto hacer, es agregar hipocresía a la rebelión. Si hay razón para creer que el individuo que pide casamiento a una creyente no es verdaderamente devoto, ¿para qué va a orar ella pidiendo dirección? Esto es pedirle al Todopoderoso que le permita hacer aquello que él ya ha prohibido hacer.

No hay palabras para deplorar lo suficiente el hecho de que por lo general toda preparación apropiada para el matrimonio se deja a un lado y en cambio toda la atención se da a vanidades que de hecho no son más que polvo en la balanza del destino conyugal. Todo pensamiento, sentido de anticipación y ansiedad son absorbidos con demasiada frecuencia por la elección de una casa y los muebles, y por cuestiones aún más insignificantes y frívolas. Qué común es que la mujer pase horas, día tras día y semana tras semana, en comunión con su modista, decidiendo y discutiendo colores, estilos y telas en que aparecerá en esplendor nupcial, cuando debiera emplear todo ese tiempo en reflexionar sobre el paso crucial que decidirá su destino y el de su futuro esposo; como si la gran finalidad fuera ser una novia esplendorosa y a la moda, en lugar de ser una esposa buena y feliz…

“Estudia”, dice un viejo autor, “los deberes del matrimonio antes de casarte. Hay cruces que cargar, trampas que evitar y múltiples obligaciones que cumplir al igual que gran felicidad que disfrutar. ¿Y acaso no hay que estar seguro de las previsiones para el futuro? No hacerlo resulta en los frecuentes desencantos de este estado respetable. De allí ese arrepentimiento que viene demasiado pronto y a la vez demasiado tarde. El esposo no sabe cómo liderar y la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, ambos engreídos y ambos infelices”.

RECONÓCELO EN TODOS TUS CAMINOS, Y ÉL ENDEREZARÁ TUS VEREDAS (Prov. 3:6).

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

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