Elevar el nivel de la predicación 2

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“Una de las cosas de ánimo para mí fue una visita a una iglesia en Londres. Muchos que no son evangélicos dicen que lo único para hacer que la gente entre en la iglesia es hablar sobre cosas en las que la gente está interesada: la guerra en Biafra y así sucesivamente. Puedo testificar por experiencia que esto no es verdad. Fui a escuchar a Howard Williams, que es considerado por la Unión Baptista y la televisión como un hombre que ‘trata problemas prácticos’ y ‘atrae a los intelectuales’. ‘Tiene una de las mayores audiencias en Londres’; sin embargo, yo solo vi ciento veinte personas. !No tenía muchos intelectuales aquella noche! Salí de allí realmente animado. La gente sabe que eso es inútil. No tenemos nada de qué preocuparnos con el liberalismo; está muerto y acabado.

“He aquí una maravillosa oportunidad para nosotros. Bien, ¿qué nos pasa? Nuestro planteamiento está equivocado. Ellos (los liberales) empiezan con aquello en lo que la gente está interesada; nuestro peligro está en olvidar del todo a la gente. Nuestras ideas, y los resultados de nuestra predicación, sugieren que no hemos pensado en la gente en absoluto. Somos demasiado objetivos. (Estoy cansado de oír sermones sobre “la iglesia”, de denunciar el Concilio Mundial de Iglesias, etc.). Hubo una vez en que la predicación evangélica era demasiado subjetiva; ahora es demasiado objetiva. Esto conduce a un planteamiento mecánico de la predicación.

“Yo creo en hacer series (de sermones) pero se pueden hacer de una manera equivocada: sin tener en cuenta el estado de la gente que escucha; de tal modo que aunque podamos tratar con un pasaje excelentemente, no haya mensaje para ellos. Hay una diferencia entre un comentario superficial sobre un pasaje y un sermón. Creo en los sermones ex-positivos, no en un comentario rápido. ¿Cuál es la diferencia?

“Un sermón tiene una forma; tiene un mensaje para ser aplicado. Esto es mucho más difícil que un comentario superficial (no estoy seguro de que esto último tenga siquiera un mensaje). La preocupación de un predicador debería ser el tener un mensaje y tiene que trabajar para exponerlo de la mejor forma en que pueda ser predicado. Esta era la gloria de un hombre como Charles Haddon Spurgeon. Sus sermones tenían forma, empuje, y el impacto de un mensaje. Un comentario rápido no es su sermón. Es necesario retomar toda la noción de lo que es un mensaje: “la carga del Señor”. Tiene que haber un impacto, mientras que el dar únicamente una “exposición”, que no lleve ningún mensaje a través de ella, es hacer que la predicación sea meramente intelectual. Tampoco debe ser solo emocional; demasiado a menudo suele ser una u otra de estas dos cosas. iSin vida! iSin poder! Nosotros sí que deberíamos tenerlo. Y el gozo y el poder están íntimamente relacionados, lo uno sin lo otro es falso.

“Lo contrario de la predicación sociológica no es este comentario superficial. La gente dice: “Es bíblico”. No lo es. La predicación bíblica conlleva un mensaje. Una explicación mecánica del significado de las palabras (no fundida en el mensaje con un objetivo y poder que deje a los oyentes gloriándose en Dios) no es predicación. No es suficiente hacer una afirmación de la verdad cristiana; se puede oír solo como un punto de vista frente a otro. Tenemos que traer un mensaje.

“!Desde luego que tenemos que tener ‘la demostración del Espíritu y el poder!’. Esta es nuestra mayor necesidad, y no la separo del gozo. Miremos a Robert M’Cheyne: lo que sabía es lo que finalmente cuenta. El tenía el peso de su gente sobre su alma. Él no venía al púlpito simplemente habiendo preparado un sermón. Él venía de parte de Dios con un mensaje.

“El tiempo ha llegado en que debemos valorar la situación completa. Es del todo equivocado trasladar nuestros problemas a la gente; tenemos que predicar lo que es más provechoso para ellos, lo que realmente va a ayudarles. El principal problema del evangelicismo hoy (aparte del deslizarse fuera de la verdad) es la falta de poder. ¿Qué conoce nuestra gente del ‘gozo en el Espíritu Santo’? iNo conseguirás atraer a la gente hacia la enseñanza si eres un maestro pesado! La esposa de un diácono me dijo acerca de alguien a quien ella había escuchado: ‘Él no es como muchos de nuestros predicadores reformados que son tan pesados’. Si predicas sin conmover a la gente, has fallado tanto como otros. Si no conocemos el gozo del Señor, ¿cuál es el valor de lo que decimos? Tenemos que empezar por nosotros mismos. El oír ‘excelentes conferencias sobre doctrina’ predicadas un domingo por la tarde es verdaderamente espantoso. ¿Estás en lo cierto al presuponer que los que están frente a ti disfrutan de la vida cristiana, y que son capaces de convencer a otros? Estas dos cosas van juntas. El argumentar sobre los detalles no nos ayudará. ¿Cuál es el valor de algo si no somos ‘epístolas vivientes’?

“Os he estado comunicando mi experiencia, como paciente y como oyente común. He estado atravesando un periodo de autoexamen y puedo dar gracias a Dios por concederme una pausa que me permita hacerlo. Lo que me quede de vida y vigor me he propuesto usarlo para mostrar este aspecto particular. Sin ello, la situación es desesperada. No es desesperada, pero tenemos que comenzar por nosotros mismos. ¿Conozco yo algo de este fuego y, si no, qué estoy haciendo en el púlpito?”. En el debate que hubo después, surgieron preguntas y un comentario adicional de Martyn Lloyd-Jones. Un defecto en su predicación, opinaba él, era que a veces había sido demasiado exigente en el contenido de la misma, y habló de dos ocasiones en que había sido corregido por hombres mayores debido a este defecto.

“Expondré un concepto, y lo presentaré de tres maneras”, le dijo un amigo mayor que él con quien estaba compartiendo los cultos al principio de su ministerio. El peligro reside en la predicación que se dirige a la mente y no al hombre completo. “Tenemos que diagnosticar tanto a nosotros mismos como a la gente. Si no podemos valorar el estado de nuestra gente, hemos fallado como predicadores. Yo no siempre prediqué sermones largos; tenemos que educar a la gente para ello. Los predicadores antiguos sabían esto; ellos eran grandes exhortadores.

“Hemos de ser como una madre alimentando a su hijo: ella estudia tanto la comida como la canti-ad. No hay nadie sin remedio; todos pueden comprender las doctrinas. Pero nosotros tenemos que cocinarlo todo bien, y hacerlo tan atractivo como podamos. Utilizad la historia y las anécdotas como ilustraciones (yo reaccioné demasiado contra ellas) pero en la medida correcta”.

Durante los anteriores comentarios, añadió de paso: “No estoy seguros ni mi prole me ha hecho honor o si refleja un defecto mío”.

También estoy atribulado sobre nuestro orar, y que se aprueba como oración. La oración no debería ser una confesión de fe, un recital de doctrina; eso es pobreza espiritual. No, en la oración tenemos que apropiarnos de toda esta doctrina”.

Sobre la naturaleza de los sermones, continuó diciendo: “Debería haber un elemento de misterio en la predicación efectiva. Cuando un granjero va a comprar ganado en un mercado, los animales que le atraen son aquellos cuyos esqueletos no están a la vista”. De un modo similar, los sermones no deberían mostrar los libros que lee un predicador, en un “defecto fatal” para un predicador no asimilar su lectura. Más bien debería “atravesarle” de tal modo que saliera como algo nuevo. Algunos hombres, se temía, leen a los puritanos y después transmiten su lectura como discos de gramófono. “No leáis para obtener material para predicar; el leer es primeramente para alimentarme y para hacerme pensar originalmente”. La preparación de un sermón es un proceso difícil. La parte más dura del trabajo de un ministro es la preparación de los sermones. Es por eso por lo que me siento tan bien de momento; no preparo tres sermones por semana. Hay una agonía, un acto de creación, en la preparación. El peso de un sermón tiene que involucrar mi personalidad entera.

Un especialista médico en Cardiff dijo una vez a Martyn Lloyd-Jones que tenía un problema en cuanto a su predicación. Era cómo los inconversos podían evidentemente disfrutarla. Esto no dejó perplejo a Martyn Lloyd-Jones: “Son atraídos por la presen-tación, y eso debería ser atractivo (como la predicación de Whitefield fue para Benjamin Franklin). Presentemos el sermón lo mejor que podamos: las mejores palabras, lo mejor de todo. Tenemos la curiosa noción de que ‘es la doctrina lo que importa’, y pasamos esto por alto. Con el mensaje que tenemos, es trágico que podamos ser fríos, sin vida y pesados”.

La reunión terminó con una oración y el anuncio de que la próxima reunión sería el primer lunes de noviembre (1968). El Dr. Lloyd-Jones iba a presidir la Asociación durante otros once años, y lo hizo por última vez el 3 de diciembre de 1979.

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Nota. El Dr. Lloyd-Jones falleció el 1 de marzo de 1981.

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