El evangelizador Juan Calvino 3

Blog102C.jpg

Evangelización en la congregación

Con demasiada frecuencia, hoy día pensamos en la evangelización solo como la obra regeneradora del Espíritu y la consecuente recepción de Cristo del pecador por la fe. En esto, rechazamos el acento que pone Calvino en la conversión como un proceso continuo que afecta a toda la persona.

Para Calvino, la evangelización implicaba una continua llamada autoritativa al creyente a ejercitar la fe y el arrepentimiento en el Cristo crucificado y resucitado. Esta convocatoria es un compromiso de por vida. La evangelización significa presentar a Cristo para que la gente, por el poder del Espíritu, venga a Dios en Cristo. Pero también significa presentar a Cristo para que el creyente sirva a Cristo como Señor en la comunión de su Iglesia y en el mundo. La evangelización demanda edificar a los creyentes en la fe más santa, según los cinco principios de la Reforma: sola Escritura, sola gracia, sola fe, solo Cristo, sola gloria de Dios.

Calvino fue un notable practicante de este tipo de evangelización dentro de su propia congregación. Su evangelización comenzó con la predicación. William Bouwsma escribe: “Predicó regular y frecuentemente sobre: el Antiguo Testamento los días entre semana a las seis de la mañana (a las siete en invierno), cada dos semanas; el Nuevo Testamento los domingos por la mañana; y los Salmos los domingos por la tarde. Durante su vida predicó, con este programa, unos 4000 sermones tras su regreso a Ginebra: más de 170 sermones al año”. La predicación era tan importante para Calvino que, cuando estaba repasando los logros de su vida en su lecho de muerte, mencionó sus sermones antes que sus escritos.

La intención de Calvino al predicar era tanto evangelizar como edificar. Predicaba sobre un promedio de cuatro o cinco versículos del Antiguo Testamento y dos o tres versículos del Nuevo Testamento. Consideraba una pequeña porción del texto cada vez, primero explicando el texto y, después, aplicándolo a las vidas de su congregación. Los sermones de Calvino jamás fueron breves en la aplicación; antes bien, la aplicación era a menudo más larga que la exposición en sus sermones. Los predicadores deben ser como padres, escribió, “partiendo el pan en pedacitos para dar de comer a sus hijos”.

También era sucinto. El sucesor de Calvino, Teodoro de Beza, dijo de la predicación del Reformador: “Cada palabra pesaba una libra”. Calvino frecuentemente instruía a su congregación sobre cómo escuchar un sermón. Les decía qué buscar en la predicación, con qué espíritu debían escuchar y cómo debían escuchar. Su objetivo era ayudar a la gente a participar del sermón tanto como pudieran, de modo que este alimentara sus almas. Venir a un sermón, dijo Calvino, debería incluir “deseo de obedecer a Dios completamente y sin reserva”.” “No hemos venido a la predicación simplemente a oír lo que no sabemos”, añadió Calvino, “sino a ser incitados a hacer nuestro deber”.

Calvino también se dirigió a las personas no salvas a través de su predicación, inculcándoles la necesidad de fe en Cristo y lo que esto significaba. Calvino dejó claro que no creía que todos los de su grey fueran salvos. Aunque caritativo para con los miembros de la iglesia que llevaban una vida externa recomendable, también se refirió más de treinta veces en sus comentarios y nueve veces en su Institución (solo contando las referencias entre 3.21 y 3.24) al pequeño número de aquellos que recibían la Palabra predicada con fe salvífica. “De cien personas que oyen el mismo sermón, veinte lo aceptarán con pronta fe, y las demás no harán caso de él; se reirán de él, lo rechazarán y condenarán”, dice Calvino. Escribe: “Pues, aunque todos sin excepción a quienes se predica la Palabra de Dios son enseñados, apenas hay uno entre diez que llegue a gustarla; mejor dicho, apenas hay uno entre cien que se beneficie al punto de ser capacitado a proceder por vía recta hasta el final”.

Para Calvino, las tareas más importantes de evangelización eran edificar a los hijos de Dios en la fe más santa, y convencer a los incrédulos de la abominación del pecado y dirigirlos a Jesucristo como el único Redentor.

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com   http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

 

Anuncios