El refugio del hombre justo – La Fidelidad de Dios I

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EL GLORIOSO atributo de la fidelidad divina se abre como una tercera cámara de seguridad para el pueblo de Dios en tiempos de sufrimientos y peligros. Habiendo visto el refugio del santo en el poder y la sabiduría de  Dios, pasamos a la tercera cámara segura para refugio de los santos:

La fidelidad de Dios.
En este atributo está nuestra seguridad y nuestro descanso en medio de las confusiones del mundo y los desencantos cotidianos que nos desconciertan por doquier, en medio de la vanidad y la falsedad de la criatura. En cuanto a las criaturas, aun las mejores entre ellas no son más que vanidad, sí, vanidad de vanidades, la vanidad más vana ( Ecl. 1:2).

“Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive” (Sal. 39:5). Sí, aquellos de quienes más esperamos nos causan los mayores problemas (Mic. 7:5). Las relaciones más cercanas forman la retaguardia de los sufrimientos (Job. 6:15). “Mis hermanos han mentido cual arroyo.” Especialmente, sus engaños aparecen más cuando más necesitamos de su ayuda (Sal. 142:4). Qué misericordia  grande es, entonces, tener un refugio en la fidelidad de Dios como la  tenía David: “Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida”. Y de la misma manera la iglesia (Mic. 7:7). “Yo empero a Jehová esperaré, esperaré al Dios de mi salud: el Dios mío me oirá.”

Puede llegar el momento cuando usted no sepa en qué confiar en este mundo. Por lo tanto, permítame abrirle a usted esta cámara de descanso en la fidelidad de Dios para tal momento, y lo haré bajo dos consideraciones.

I. Es absoluta en cuanto a su propia naturaleza.

II. Es relativa en cuanto a las promesas y providencias de Dios.

I. Es absoluta, así es la fidelidad de Dios en su sinceridad, firmeza y constancia en llevar a cabo su palabra dada a su pueblo en todo  momento y en todos los casos. Así lo describe Moisés a Israel, (Deut. 7:9) “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel.” Y Josué apela a la experiencia de ellos para vindicarla, (Jos. 23:14) “Reconoced, pues, con todo vuestro  corazón y con toda vuestra alma, que no se ha perdido una palabra de
todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros: todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una.” Y también se reafirma plenamente, (Jer. 31:35-37) y se admira  grandemente aun en el día más tenebroso (Lam. 3:23). Grande es tu
fidelidad. Y es bueno para nosotros que su fidelidad es grande, porque grande es el peso que se apoya en ella, aun nuestras esperanzas para ambos mundos, para este mundo y para el venidero (Tito 1:2). “Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no
puede mentir, prometió antes de los tiempos de los siglos. ”

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A. Ahora bien, Dios es fiel y eso puede verse en las siguientes evidencias.

1. Por el cumplimiento exacto de sus promesas que datan de más tiempo. Efectivamente (Hechos 7:6), pasaron cuatrocientos treinta años antes de que la promesa de la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto se cumpliera; no obstante, (Hechos 7:17) cuando
llegó el tiempo de cumplir la promesa, Dios fue absolutamente puntual. Setenta años en Babilonia, y cumplido ese lapso, regresaron (2 Crón. 36:21). Los hombres pueden olvidar, pero Dios no (Isa. 49:15, 16).

2. Abriendo el camino para sus promesas a través de las más grandes dificultades y aparentes imposibilidades. Tal fue en el caso de Abraham cuando era anciano (Gén. 18:13, 14). “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo. ” Y del mismo modo en el caso de los israelitas: “¿Vivirán estos huesos?” (Eze. 37:3). Las dificultades son para los hombres, no para Dios, (Gén. 18:14). “¿Quién eres tú, oh gran monte?” (Zac. 4:7). “Si esto parecerá dificultoso a los ojos del resto de este pueblo en aquellos días, también será dificultoso delante
de mis ojos?” (Zac. 8:6).

3. Cumpliendo las promesas a su pueblo cuando habían perdido  sus esperanzas y expectativas. Así fue, (Eze. 37:11) “Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo talados.” También (Isa. 49:14) “Más Sión dijo: Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí ” Puede haber mucho descreimiento en los hombres buenos, su fe puede tambalear mucho, no obstante, Dios es fiel; los hombres pueden cuestionar sus promesas, no obstante, Dios no puede negarse a sí mismo (2 Tim. 2:13).

4. Apelando Dios a su pueblo, y refiriéndoles la cuestión para que ellos mismos la juzgaran (Mic. 6:3, 4, 5). “Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí. Porque yo te El refugio del hombre justo —La fidelidad de Dios 23
hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti a Moisés, y a Aarón, y a María. Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las  justicias de Jehová.” “Si he faltado en alguna forma a mi promesa,
muéstrenmelo. No me cortejaron Balac y Balaam, e intentaron de todas formas ganar mi favor presentándome multitudes de sacrificios? Aun así no los abandoné”. De la misma manera (Jer. 2:31), “¡Oh generación! Ved vosotros la palabra de Jehová: ¿He sido yo
a Israel soledad, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Señores somos; nunca más vendremos a ti?” También:

Versiculo 17

“Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en Jehová su Dios: El cual hizo los cielos y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre.” (Sal. 146:5, 6). 

5. La fidelidad de Dios es comprobada abundantemente por los constantes testimonios presentados en todas las edades por los que la probaron, todos han testificado de Dios y confirmado su fidelidad sin mancha para bien de las generaciones venideras. Así lo hizo Josué (cap. 23:14) “todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una,” y también Daniel, (cap. 9:4) “Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman,” con los cuales coincide el testimonio de David (Sal. 146:5, 6):

“Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en Jehová su Dios: El cual hizo los cielos y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre.” Es así que su pueblo ha sido testigo, a lo largo de todas las generaciones, de la fidelidad de Dios a sus promesas; lo cual no deja lugar a dudas u
objeciones.

B. Y si preguntamos las razones por las que Dios es, y siempre tendrá que ser, fiel en llevar a cabo sus promesas, descubriremos que se edifican sobre pilares estables y firmes: 1. La santidad de su naturaleza; 2. La omnisuficiencia de su poder; 3. El honor de su nombre; 4. La inmutabilidad de su naturaleza.

1. La fidelidad de Dios se edifica sobre la santidad perfecta de su naturaleza en razón de que es imposible que Dios mienta, (Tito 1:2; He. 6:11). La falsedad del hombre surge de la corrupción de la naturaleza humana, pero “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no ejecutará? ” (Núm. 23:19). Si no hay defecto en su ser, no puede haberlo en sus obras; si su naturaleza es santidad pura, todos sus caminos tienen que ser perfectamente fieles.

2. Se edifica sobre la omni suficiencia de su poder; sea lo que sea que ha prometido a su
pueblo, tiene la capacidad de llevarlo a cabo; los hombres a veces falsifican sus promesas
porque no tienen la habilidad de llevarlas a cabo; pero Dios nunca promete lo que no
cumple; si determina obrar, nadie se lo puede impedir (Isa. 43:13). Puede hacer cualquier
cosa que le place hacer (Sal. 135:6). La santidad de su naturaleza lo compromete, y lo
ilimitado de su poder lo capacita para ser fiel.

3. La gloria y honra de su nombre nos da seguridad en cuanto a su fidelidad, en que cumplirá las promesas, y todo el bien que las promesas contienen, aun en el más mínimo detalle; porque dondequiera uno encuentra una promesa de Dios, también encuentra
el nombre y la honra de Dios presentados como una garantía de que será llevada a cabo; y por eso su nombre siempre ha sido presentado a él por su pueblo como un poderoso argumento para que obre a favor de ellos. (Jos. 7:9): “¿Qué harás tú a tu gran nombre?” Señor, tu honor vale mil veces más que nuestras vidas, no importa qué llegue a ser de
nosotros; pero, oh Señor, es infinitamente más importante que la gloria de tu nombre sea asegurado, y que tu fidelidad permanezca pura y sin mancha en este mundo. También (Éxo. 32:11, 12):

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“Entonces Moisés oró a la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encuentra tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los Egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo.” Sería triste que las manos de los egipcios cayeran sobre su pueblo, pero mucho peor que las lenguas de los egipcios cayeran sobre su nombre.

4. La inmutabilidad de su naturaleza nos de la más completa seguridad de su fidelidad a las promesas. (Mal. 3:6): “Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” La inmutabilidad de Dios es la indemnización de su pueblo, y la mejor seguridad en medio de los peligros; para Dios no hay ni un sí ni un no, tampoco debe haberlos con nuestra fe. Lo que da firmeza a las promesas debe dar también firmeza a nuestras expectativas de que se cumplirán. Hasta aquí, brevemente, la consideración de la fidelidad de Dios, considerada absoluta por su naturaleza y sus razones.

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John Flavel (c. 1630-1691): Presbiteriano inglés y pastor en Dartmouth,
Devonshire, Inglaterra. Autor prolífico de obras evangélicas como The Fountain of
Life Opened (La fuente de la vida abierta) y Keeping the Heart (Guardando el
corazón). Sus vívidas ilustraciones daban como resultado sermones memorables y
transformadores de vidas. Uno de sus oyentes dijo que “los que pueden estar bajo
su ministerio sin que éste los afecte tiene que tener una cabeza muy blanda o un
corazón muy duro, o ambos. Nació en Bromagrove, Worcestor.

 

 

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