Lloyd

Hoy recordamos el 35 aniversario de la muerte del gran predicador y expositor de la Biblia, Dr. Martin Lloyd Jones, el 1 de marzo de 1981, y lo hacemos compartiendo esta entrevista de Will Graham a Pedro Bois acerca de él en Protestante Digital. Recuerda que aún podemos seguir beneficiándonos hoy de sus exposiciones de la Palabra a través de sus libros y sermones impresos.

Hace treinta y cinco años (el 1 de marzo 1981), el predicador galés Martyn Lloyd-Jones (MLJ) pasó a la presencia del bendito Salvador. Irónicamente, es ahora cuando el príncipe de los expositores se está poniendo de moda. Gracias al gran resurgimiento de las doctrinas de la gracia por todo el mundo hispano, los libros de MLJ están en constante demanda. Estando muerto, el varón de Dios sigue hablando.

Hoy, para conmemorar su legado, nos encontramos con uno de sus seguidores contemporáneos en la ciudad de Granada, el pastor Pedro Blois . Además de pastorear en la Iglesia ‘Luz a las naciones’, Blois sirve como profesor en la ‘Escuela teológica de Granada’ y es un reconocido expositor bíblico. Pasemos a la entrevista.

Will Graham (WG): Hermano Pedro, ¡qué gozo volver a tenerte con nosotros! Pedro Blois (PB): Hola Will. Es un gustazo estar nuevamente por aquí y compartir estos escritos en el blog. Especialmente cuando se trata de uno de los hombres más utilizados por Dios en mi vida: el doctor Martyn Lloyd-Jones.

WG: Qué bien. Para arrancar, ¿por qué no nos hablas un poco sobre quién fue MLJ?

PB: Pues fue un hombre dominado por la Palabra Divina, ¡alguien que se deleitaba en la Ley de Jehová, y meditaba en ella de día y de noche! Estamos ante el que, en mi opinión, fue el mayor de los predicadores y expositores bíblicos del siglo XX. Nacido el 20 de diciembre de 1899 en la ciudad de Cardiff, pasó su infancia en Llangeitho, pueblo céntrico de Gales. Por cierto, en Llangeitho había nacido y ministrado el reverendo Daniel Rowland (1713-1790). MLJ sintió la fuerte influencia del avivamiento en aquella región. En 1917 inició sus estudios de medicina en St. Bartholomew´s Hospital, y en 1921 comenzó a trabajar como asistente del médico de la casa real, Sir Thomas Horder. Después de un período de unos dos años de conflicto bajo el llamado de Dios al ministerio, MLJ regresó a Gales donde se casó con Bethan Phillips (con quien tuvo más tarde dos hijas: Elizabeth y Ann), y aceptó la invitación para pastorear en la iglesia en Aberavon (Port Talbot). Allí ministró por diez años antes de ser pastor asociado en la capilla de Westminster, donde sirvió junto a G. Cambell Morgan (retirado en 1943). Su ordenación aconteció al día siguiente del comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Europa. ¡Tiempos extraordinarios para ejercer el ministerio! Fue desde el púlpito de aquella congregación que el doctor MLJ llegó a ser el predicador más influyente de su generación, y una voz que sigue hablando en nuestros días. En 1968 el doctor se retiró del ministerio. Atrás quedaron 25 años de una fructífera labor en la capilla de Westminster. Los años siguientes fueron aprovechados para la predicación itinerante, edición de libros, y diversas labores pastorales. Agradó al Señor llevarle a su presencia el 1 de marzo de 1981. Bueno Will, habría mucho más que decir sobre la vida de este extraordinario hombre de Dios, pero creo que está bien a modo de introducción.

WG: Sí, está genial. Gracias. Y ¿qué es lo que le hace al hermano MLJ tan especial, tan único?

PB: ¡Buena pregunta! Nos ayudará comenzar con una respuesta negativa. En cierto sentido, todo lo que involucra la vida y ministerio de este gran hombre de Dios parece muy normal. Me explico. No estamos ante un hombre de destacado carisma. En realidad era un médico. Esa clase de hombre de carácter templado y analítico; de aquellos que no destacan en el ambiente. Sus dones no eran extravagantes, ni su manera de hablar era la más divertida. Para que tengas una idea, ¡no se quitaba su traje con corbata ni para ir a la playa! Dicen que comenzó una moda entre los jóvenes de su época. En cuanto al contenido de su mensaje, era Biblia pura, exégesis explicativa pura, del más sencillo evangelio. No había secretos detrás de la manga, análisis extravagantes del texto, historias cautivadoras, bombo y platillo. No había trucos en la vida de este hombre.

WG: ¿Qué había entonces? ¿Qué es lo que hacía a este hombre tan especial?

PB: ¡Oh Will! Aquí tenemos a un hombre del que se puede decir: “…y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:4-5). El doctor sabía que el gran cometido del predicador era ahondar en el texto de las Escrituras y darlo a conocer. ¡Es ahí, y sólo ahí, donde reside el verdadero poder! Su única preocupación era levantar en alto la Palabra de Dios. Y tal era su urgencia en la proclamación del mensaje, que los oyentes sabían que Dios estaba allí, que Dios estaba hablando, y que ellos tenían que responder. Muchos de los que le conocieron, entre ellos el conocido teólogo J.I. Packer, afirman nunca haber conocido a un hombre tan lleno del Espíritu Santo. Su hija recuerda a su padre como alguien que predicaba en la presencia de Dios. ¿Lo ves Will? ¡Eso es lo que hacía toda la diferencia! ¡No había más! No había técnicas profesionales, ni maniobras apologéticas, ni dotes de un gran artista. Piedad, eso es lo que había: la rara y preciosísima joya de la piedad. Hay que decir que MLJ tenía una mente prodigiosa. Sus años de estudios le habían dotado de una mente analítica, y de una gran capacidad argumentativa. De todos modos, me quedo con lo dicho anteriormente: MLJ era un hombre piadoso; era portador de esa clase de la piedad que somete al hombre completo a la Palabra de Dios.

WG: ¡Tremendo! ¿Por qué piensas que sus libros siguen vendiendo tantos ejemplares aún treinta años después de su muerte?

PB: Will, supe que estás leyendo la colección de sus sermones sobre la epístola a los Romanos. ¡Qué pasada!

WG: Sí, mi esposa me regaló la colección entera para Navidad. ¡Mujer virtuosa!

PB: Pues, tuve la bendición de recibir esa colección cuando me estaba preparando para la obra del ministerio, y suelo decir que ella fue mi seminario. Sus libros siguen vendiendo porque son pura exposición bíblica. Y cuando hay un avivamiento de la Palabra en el pueblo de Dios, los libros de MLJ se venden. Te haces de libros como el del Salmo 51, o del Salmo 73, o del Sermón del Monte, y lo que tienes es Biblia pura, explicada y aplicada con poder. ¿Qué más puedes pedirle a un libro? Creo que sus libros tienen gran salida porque manejan la Biblia con el cuidado y la profundidad exegética característica de un doctor. MLJ se acercaba a las Escrituras con la precisión de un cirujano, y el corazón de un buen médico. Además, lograba hacerlo evitando los tecnicismos y las complejidades del lenguaje. Sus libros son transcripciones revisadas de sus sermones, en los que siempre busca explicar la verdad con sencillez, y aplicarla al corazón. Sabes Will, antes pensaba que la capacidad de escribir sencillo y llegar al corazón era una sola cuestión de pensamiento claro y buen entrenamiento como maestro. Sigo creyendo que es así. Como bien dice Calvino: “Estudio mucho para ser sencillo”. Pero también he percibido que hay una piedad necesaria en todo este asunto. Cuando uno lee a MLJ, su exposición bíblica parece trasparecer la pureza de una intención santa delante de Dios. Su intención era la de salvar al pecador, y dar de comer a las ovejas hambrientas. Todo ello hacía que su lenguaje fuese sencillo y que el contenido de la verdad no fuese adulterado. ¡Cuánto agradezco a Dios por hombres cuya piedad les hace escribir sencillo y apuntar al corazón!

WG: ¿Qué importancia daba MLJ a la Palabra y al púlpito?

PB: MLJ afirmaba una y otra vez que la predicación es adoración. Él no estaba de acuerdo en esa división entre el “tiempo de alabanza” y el “tiempo de predicación” dentro del culto. Para él todo debía de ser adoración, y todo debía de estar centrado en la Palabra. Inclusive los viernes por la noche, cuando enseñaba sus clases doctrinales (o exposiciones bíblicas), solía decir que estaban adorando. Nada de distinciones entre lecciones bíblicas y cultos de adoración. ¡Todo es adoración! Siempre que la Biblia se abría, allí debía de haber adoración. Fíjate Will: para el doctor, ¡un culto en el que se cantase más de media hora ya estaba desbalanceado! Él creía que no había nada más importante para el pueblo de Dios que la exposición bíblica. Es la predicación de la Palabra la que convence de pecado y la que salva a los hombres. Y siempre que el doctor predicaba, esperaba que pudiesen acontecer cosas extraordinarias por el poder del Espíritu Santo. Él predicaba en la expectativa de un avivamiento. Tal era su convicción de que eso podía acontecer, que no aceptaba predicar en los programas de la radio. Según el doctor, el tiempo limitado en la radio suponía un problema importante. A fin de cuentas, ¿qué ocurriría si el Espíritu descendiese con poder en medio de aquella predicación? ¡Ese era MLJ!

WG: Ya que dio tanta importancia al púlpito, ¿podrías mencionarnos algunas de las características de su predicación?

PB: En primer lugar, el doctor era un esclavo del texto bíblico. Su trato de las Escrituras era profundo y cuidadoso. Puede que no estemos de acuerdo con su interpretación de este o aquel texto, pero debemos de reconocer la sinceridad y el cuidado con el que se acerca a la Palabra de Dios. En segundo lugar, era una predicación realizada en la expectativa del toque divino. Como dije anteriormente, el doctor predicaba esperando – ¡no provocando! – que Dios se moviese con poder. Por cierto, la definición de MLJ de la predicación es: “La predicación es teología a través de un hombre fervoroso.” (Preferiría traducirlo: “La predicación es teología a través de un hombre en llamas”). En tercer lugar, era una predicación apologética. Con esto quiero decir que el doctor conocía el mundo en el que vivía, y daba respuestas a su realidad. En cuarto lugar, era una predicación que apuntaba al corazón. MLJ, siguiendo la senda de los puritanos, era un verdadero médico del alma. Una de sus premisas era que todo problema es, en su raíz, un problema teológico. Eso hacía con que su diagnóstico fuese bíblico y certero. Cualquier respuesta que se detuviese en un análisis psicológico o sociológico de la realidad no le satisfacía. ¡Había que llegar a la teología! ¡Había que llegar a ver al hombre teológico! En quinto lugar, era una predicación evangelística. Para el doctor el evangelio de la cruz debía de ser el centro de toda predicación. Él reconocía como un serio error pensar que todos los que acuden a una iglesia son verdaderos creyentes; y, de todos modos, ¡él creía que el creyente sigue siendo salvo por el mismo evangelio que un día le salvó! Se cuenta que en cierta ocasión decidió predicar sobre la obra de la Ley el domingo por la mañana, reservándose la proclamación del evangelio de la gracia para predicarlo ese mismo domingo por la noche. Pero esa tarde hubo un incendio en una de las fábricas de Londres, en la que murieron algunos hombres. Este acontecimiento llevó al doctor a pensar en qué podría haber acontecido si uno de aquellos hombres sólo hubiese estado el domingo por la mañana. ¡No hubiese escuchado el mensaje de la salvación! A partir de entonces decidió predicar el mensaje del evangelio completo en cada uno de sus sermones.

WG: ¿Y qué hay de su vida de oración, Pedro?

PB: Creo que la mejor persona para hablar al respecto es su esposa. Ella solía decir que, antes de ser un predicador, Lloyd Jones era un hombre de oración, y un evangelista. Si tu esposa dice que eres un hombre de oración ¡vas por buen camino! Anteriormente afirmé que la piedad era la gran característica de este hombre de Dios. Si bien no tenía una personalidad carismática, aquellos que le conocían sabían que Dios estaba presente en su vida. Además, MLJ creía en el bautismo con el Espíritu Santo como una segunda experiencia que sigue a la conversión. Él creía que se trataba de un asunto profundamente experimental – una experiencia con el amor filial, con el amor que el Padre tiene para con nosotros. Él lo predicaba y animaba a los creyentes a buscar ese testimonio interno del Espíritu Santo; esa plenitud del Espíritu que llena el corazón de gozo inefable y de una osadía divina para el testimonio de la fe. Siendo todavía un niño MLJ fue fuertemente influenciado por los frutos del avivamiento de Gales. Vemos esta influencia en sus predicaciones y en todo su ministerio. Él siempre predicaba y oraba por avivamiento. Su deseo era ver ese derramamiento del Espíritu Santo por el que los hombres son convencidos de pecado y llevados a los pies de la cruz. Una de sus frustraciones fue morir sin haber visto ese deseo cumplido. De todos modos, la llama del deseo de avivamiento fue encendida por él en todo lugar al que iba, y, por lo menos en mi corazón, sigue encendida en parte por su labor.

WG: ¿Era más bien un hombre de la iglesia o un académico?

PB: Esta es una buena pregunta. Creo que el doctor lograba unir lo mejor de ambas facetas. Por establecer prioridades, Lloyd Jones era antes que nada un pastor un hombre de iglesia. Su principal preocupación era la de llevar a la gente a los pies de la cruz y dar de comer a las ovejas que el Señor había puesto a su cuidado. Pero también era un hombre de gran erudición. Llegó a ser el presidente de Inter-Varsity Fellowship of Students (conocido ministerio entre jóvenes universitarios en Gran Bretaña). Por cierto, solamente tenemos que leer sus conferencias anuales sobre los puritanos para conocer un poco del caudal histórico-teológico de este extraordinario hombre de Dios. Estas conferencias anuales reunían a grandes teólogos y jóvenes ministros para discurrir sobre el legado de los puritanos, y aplicar las verdades aprendidas a su propia realidad. La erudición del doctor también se dejaba ver en sus predicaciones. Cada una de sus predicaciones destila un conocimiento agudo en las más distintas áreas del saber. Médico de profesión, era un hombre con una visión aguda y equilibrada en referencia a las distintas complejidades del alma. Los problemas emocionales que abaten al hombre eran tratados con especial cuidado bíblico y médico (un ejemplo de ello lo encontramos en su serie sobre la “depresión espiritual”). Algo que no deja de impresionarme era su visión aguda y profunda de la condición del mundo y la Iglesia de su tiempo. Ya sea que mirase al mundo, ya sea que mirase a la Iglesia, ML tenía la visión de un verdadero profeta. Él entendía la realidad en la que vivía a partir de Dios y su Palabra. Siendo un académico, MLJ se enfrentó con todas sus fuerzas a lo que él llamaba la erudición muerta. Su fuerte énfasis en las doctrinas calvinistas como la depravación total y la gracia soberana en la salvación le hacía dar un crédito limitado al conocimiento y a las capacidades humanas. Evidentemente no era un anti-intelectual, pero era un hombre que sabía que la salvación acontece por la locura de la predicación; por lo que, muy a pesar de su erudición, descansaba por completo en el poder de Dios.

WG: ¿En qué sentido podría ayudar MLJ a la iglesia contemporánea?

PB: Volveré a citar algunos de los puntos anteriores para responder a esta pregunta. En primer lugar, su énfasis en la centralidad de la predicación en la vida de la iglesia es fundamental. En sus propias palabras: “La predicación es la principal tarea de la iglesia y, por tanto, del ministro de la iglesia… todo lo demás es subsidiado a esto y puede describirse como su consecuencia o su verificación en la práctica diaria”. Necesitamos pastores que se tomen a serio el púlpito, y que se esfuercen por transmitir el mensaje que tienen en el texto bíblico. Nos haría bien además abandonar una serie de actividades que lejos de ayudar a la centralidad de la Palabra, terminan por ahogarla. En segundo lugar, el doctor nos recuerda una y otra vez nuestra imperante necesidad del Espíritu Santo y de poder. Continuamente somos tentados a buscar sustitutos a esta necesidad de poder. El problema es que no los hay. MLJ lo sabía. Él destacaba que sin el fuego de lo alto no importa lo que hayamos depositado en el altar, no arderá. ¡Necesitamos el poder de Dios! En tercer lugar, necesitamos unir profundidad teológica y sencillez aplicativa. MLJ era inminentemente práctico. La suya era una teología pastoral, una teología que apuntaba al corazón. En nuestros días uno tiene la sensación de que debe elegir: o una teología profunda que no aterriza a la realidad humana, o una teología práctica que no pasa de la superficie. Debemos seguir el ejemplo de Lloyd Jones, y unir ambas realidades. Finalmente, necesitamos hombres piadosos. MLJ fue un hombre de oración, un hombre que vivió una vida íntegra, un hombre que amó a su familia. ¡Dios nos dé ministros y cristianos de ese calibre!

WG: Y ahora una pregunta un poco más personal, ¿cómo ha afectado el hermano MLJ a tu vida, hermano Pedro?

PB: Uno de los mayores regalos que recibí del Señor en mi preparación teológica fue la colección de comentarios de la epístola a los Romanos del doctor MLJ. Tenía en la época los veinte recién cumplidos. En aquel tiempo ya había experimentado una conversión genuina, pero todavía no había alcanzado un conocimiento claro del evangelio. Al leer sus sermones, doctrinas como la depravación total, la justicia de la fe, la elección, o el llamamiento eficaz, se fueron abriendo paso en mi alma como un martillo que rompe la piedra y un bálsamo que sana la herida. Lloyd Jones se iba deteniendo versículo a versículo, palabra a palabra. No tenía problema alguno en repetir una y mil veces la misma doctrina. Como un maestro que sabe de la ceguera de nuestros ojos y la dureza del corazón, entraba con la misma verdad a diestra y a siniestra. Poco a poco el Espíritu Santo fue abriendo los ojos de mi corazón, y el glorioso evangelio de Dios – aquel que nos habla de la terrible realidad del pecado y la gloriosa dádiva de la gracia – fue llevando a mi alma a un gozo cada vez mayor. Sin dudas Will, MLJ fue un gran instrumento divino para enseñarme el evangelio.

WG: Para ir acabando, hermano, si podrías recomendarnos dos o tres libros de lectura obligatoria de MLJ, ¿cuáles serían?

PB: Antes de citar dos o tres, recomendaría leer ¡todos los que puedas! Y es que las lecturas de sus sermones son muy beneficiosas. Además de crecer en el conocimiento bíblico, uno aprende a estudiar la Biblia. El doctor era tan sistemático al acercarse a las Escrituras, que después de leer varios de sus sermones uno ya sabe cómo estudiaba la Palabra. ¡Es genial! Os recomiendo leer todo lo que podáis de él. De todos modos os paso una lista de cinco libros para empezar (todos las vende Editorial Peregrino): 1. El Sermón del Monte. 2. Depresión espiritual. 3. Dios el Espíritu Santo (segundo tomo de su serie de doctrina bíblica, ¡toda ella muy recomendable! Uno de los mejores libros que he leído sobre la doctrina del Espíritu Santo). 4. De lo profundo (una exposición del Salmo 51). 5. La predicación y los predicadores.

WG: Excelente, hermano. Mil gracias por tu tiempo hoy. Seguro que la entrevista va a ser de gran bendición para muchos. Me has bendecido un montón con lo compartido.

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