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Dios lo sacó del fango

Brian H. Edwards

Una violenta tormenta en el Atlántico hizo a Newton arrodillarse y volverse a su Dios. En los siguientes años, mientras su vida iba cambiando y su fe creciendo, llegó a ser capitán de barcos de esclavos y encargado de aduanas durante el apogeo del contrabando. Después de todo ello entró en el ministerio cristiano.

Fue marinero raso a los once años y forzado a servir en un barco de guerra a los diecinueve; experimentó la tremenda emoción de luchar contra barcos de guerra franceses, el cruel látigo de la disciplina naval por deserción, la licenciosa y blasfema vida de un librepensador y el dolor de un irresistible amor por una joven fuera de su alcance.

Rechazando a Dios y la moral, Newton se introdujo en el comercio de esclavos, llegó a ser esclavo él mismo, y a los veintitrés años el estado de su vida no era muy distinto al de un animal salvaje.

Este siervo de esclavos ascendió hasta ocupar el púlpito de la iglesia más influyente de Londres, contando entre sus amigos a un político, un poeta y un escritor; todos los cuales llegaron a ser figuras nacionales.

Fue autor de numerosos himnos que, junto con sus cartas, han llevado a muchas personas a Cristo durante doscientos años. Aunque las circunstancias y el ambiente que rodearon su vida pertenecen al pasado, su vida en sí es pertinente para nuestro tiempo porque ilustra maravillosamente lo que Dios puede hacer con un hombre al que su misericordia y poder sacaron del fango.

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